Editorial

Tres meses

El presidente Luis Abinader cumple este lunes tres meses como presidente constitucional de la República, tiempo insuficiente para evaluar su gestión pero sí para identificar un perfil que ha estado asociado al optimismo, confianza y certidumbre, aunque salpicada de contratiempos o excesos de algunos funcionarios.

Se acostumbra a juzgar una Administración de gobierno a partir de los cien días, cuando liderazgo político, grupos fácticos y sociedad rompen amarras y emprenden rígida fiscalización sostenidas en álgidas críticas o reclamos por incumplimientos, inobservancias o negligencias.

En un contexto de tribulaciones por la pandemia de coronavirus y su devastadora afectación sobre la economía, tres meses o un centenar de amaneceres resultan exiguos para juzgar con justicia y sensatez a una gestión aguijoneada desde el primer día por las emergencias.

Un logro significativo atribuido al imberbe gobierno ha sido que la nación no ha convulsionado ante el cúmulo de déficits o carencia de recursos, porque frente a un presente angustioso, se apuesta por un futuro promisorio sustentado en la contención pandémica y la recuperación económica.

El diseño o identificación de grandes proyectos de desarrollo, la acometida de otros matizados por la premura, los esfuerzos por mantener a flote el turismo, consolidar la competitividad, promoción de exportaciones y gestiones de inversión extranjera representan un óptimo currículo gubernamental, que se espera puedan llevarse a cabo.

Por el lado de las espinas, el Presidente y su gobierno han confrontado contratiempo provocado por excesos atribuidos a colaboradores suyos, que han levantado peligrosos oleajes económicos, políticos y sociales, ante los cuales el propio mandatario ha tenido que emplearse a fondo para evitar males mayores.

Funcionarios que diseñaron y pretendieron aplicar un estrambótico paquete económico y tributario que incluía gravar con impuestos el salario 13 y las utilidades de las empresas sobrevivientes a la pandemia, además de poner en venta “activos importantes” del Estado, se citan entre otros despropósitos.

Acciones como disponer de cancelaciones ilegales, de incautar bienes a asociaciones de productores sin orden de un juez o de pretender legalizar el matrimonio infantil, obran contra la buena imagen del gobierno que el Presidente ha labrado como buen artesano.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba