Editorial

Umbrales para malos caminos

Los estudiosos de la realidad dominicana, entre los que aparecen aguzados observadores llegados de más allá del mar, se distinguen por reservarle al país puestos de primacías sin honor. Llegan con detectores minuciosos para lo fallido y dejan diagnósticos sombríos. Ven mal al país en educación, con ineficiencia de gasto público; en excesos burocráticos; fallas asistenciales de salud con índices de mortalidad y débiles controles a la corrupción. Esto último muy percibido por quienes aquí residen. También describen al Estado como recaudador vulnerado y la seguridad jurídica recibe periódicos bombardeos de las diplomacias estadounidense y europeas en reacción a quejas de los inversionistas de sus latitudes aunque este destino sigue pareciendo atractivo para negocios.

En el jueves que pasó, dos balances para desasosiego llegaron -de una parte- de lasmanos de Transparencia Internacional que coloca aun a República Dominicana entre lugares con más corrupción del mundo. El Gobierno aportó otra nota similar al informar la colocación de 2 mil 500 millones de dólares más en el mercado de capitales, sin los cuales la gestión de Estado sería tragada por déficits fiscales y por la insostenibilidad de la deuda. Buena parte de lo adquirido es para pagar lo ya debido. ¿Quién duda que el Gobierno, metido de lleno como opción partidaria, volcará sus arcas en el umbral de elecciones en ruptura con una forma tan habitual de proceder?

A falta del autocontrol

La propuesta legislativa de aplicar censura previa en contención a la música vulgar y obscena presente en el arte popular es también un estropicio sin uso de instrumentos. Para condenar las bochornosas muestras de mal combinar los sonidos con el tiempo que hoy invaden transmisiones incluyendo redes, no merecen aparecer como excusa a la reposición odiosa de mordazas susceptibles de extenderse a otras formas de expresión.

Lo primero que hay que lamentar con rebeldía en el pecho es la ausencia ciudadana de enérgicas abominaciones a la basura polifónica. Que no hayan nacido anticuerpos desde la propia sociedad y desde los congéneres que no participan de las agresiones al buen gusto, pero que se abstienen de reprobar con pública acritud como deberían a ovejas negras de su mundo.

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