Opinión

Un abrazo de navidad

Josefina Almánzar

“Había Pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.  Y se les presentó un ángel del Señor y la gloria del Señor los rodeó de resplandor” Lucas 2:8-9.

En estos días he compartido con amigos y amigas que me han externado su sentir, de que por primera vez no sienten el espíritu de la Navidad. Al igual que ellos muchas personas entienden que la situación económica del país no les hace sentir el gozo que antes hacía palpitar nuestros corazones, que hay desesperanzas en el alma del pueblo porque nos sentimos desprotegidos, pero, sobre todo, porque desde hace muchos años nos enfocamos en que la Navidad es consumismo y eso hace que nos hayamos acostumbrado a vivirla a través de esos medios y no a través del significado que realmente tiene.

Pese a todo esto yo creo que nosotros como seres humanos somos superiores a las circunstancias terrenales que nos afectan. Somos y estamos por encima de las situaciones económicas, sociales, políticas, jurídicas que nos aquejan en estos momentos y que por lo visto si no tomamos la decisión de transformarlas nos seguirán acompañando en este tercer mundo.  Por tal motivo, somos nosotros los que debemos luchar por mantenernos y desarrollar actitudes superiores a lo que nos rodea.  Debemos de transformar esos pensamientos porque los países que han pasado por grandes catástrofes sólo han podido sobrevivir y superarse cuando han logrado que sus ciudadanos y ciudadanas cambien hacia actitudes positivas. Han modificado sus esquemas mentales para fijar actitudes basadas en la fe, pero la fe que tiene el poder de transformar lo que somos, primero como seres humanos y luego como nación.

Nuestros gobernantes seguirán haciendo lo que quieran con nosotros hasta que se lo permitamos.  Nuestra historia política y social está escrita y hemos demostrado ser valientes y dispuestos a la hora de tomar decisiones que enderecen los caminos de nuestro país.  No permitamos que nada ni nadie nos quite el derecho a soñar, a sonreír, a creer que podemos hacer un futuro mejor.  No permitamos que nada ni nadie nos robe nuestra alegría de pueblo. Un pueblo amable, valiente, trabajador, luchador, con deseos de progreso reales y efectivos.

Levantemos nuestra moral, nuestra autoestima de nación, de pueblo unido, solidario, generoso.  Levantemos la frente, caminemos erguidos, la victoria es nuestra si nos decidimos a que lo sea.

Aprovechemos este tiempo para encontrarnos de nuevo con nuestro ser interno, con nuestros seres queridos.  Para sanar y nacer de nuevo, así como, nace Jesús.

Recordamos a los que se han ido a formar parte de otra dimensión, pero recordarlos con alegría porque llegaron a la morada y están bajo el regazo del Padre-Madre.

Abramos el corazón para recibir los milagros, esos milagros que de manera inexplicable suceden a nuestro alrededor que se expresan a través de las sonrisas, de las miradas iluminadas de la gente y sobre todo de los niños y niñas que, viviendo en su inocencia, le abren las puertas a la magia y a las fantasías de la Navidad.

Démonos este tiempo, este espacio para querernos, para abrazarnos.  Ojalá que en la cena de la Nochebuena hayamos reservado lugar para un invitado especial que esa noche llegó y se sentó a nuestra mesa, compartió nuestro pan, bebió de nuestro vino, pero sobre todo nos hizo la promesa de permanecer siempre por los siglos de los siglos a nuestro lado, ese invitado especial, es Jesús. Que su nacimiento esté en nuestros corazones, actitudes y pensamientos todos los días del nuevo año que se acerca.

¡Felices Pascuas, mis lectores y lectoras!  Gracias por haber compartido este espacio durante todo este 2019. Que la luz, el amor y el poder estén siempre en sus corazones.

Desde aquí, un abrazo de Navidad.

La autora es Abogada y docente universitaria.

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