Opinión

Un día como hoy murió mi madre Andréa

Por: Rafael A. Escotto
Hoy en la mañana me desperté con una extraña sensación. Me sentia algo triste; era una impresionante nostalgia lo que estaba viviendo. Camino hacia el valcón bajo la agradable brisa de la madrugada. Siento una pisada sutil a mi espalda; vuelvo mi vista pensando que alguien seguia mis pasos a esa hora que rezumaba secreta el alba.
Mis latidos aumentan su marcha mientras observo con mi vista fija en el horizonte unos rayos de sol aparecer pausados detrás de la montaña. Mi tresteza no se mitiga, por el contrario, siento mi alma más apenada. Me siento frente a mi computador a darle los toques finales a un trabajo literario tratando de serenar aquellas ansias.
En medio de mi melancolia decido buscar apacibilidad en Facebook; leo e imagino unos lamentos entre sollozos y veo el nombre de Oneyda Mejia que rememora la muerte de su padre y le escribo uniéndome a su duelo.
Luego dirijo mis pasos a mi oficina tratando de localizar unas notas de trabajo que habia extraviado. En lo que busco y rebusco en mi escritorio un papel me sorprende con el nombre de mi madre Andrea Hernández y una fecha: 18 de mayo 2000.
Un silencio se apodera repentinamente de mi alma que ya venia entristecida sin alcanzar a identificar la causa. Entré en una especie de pena muy honda; me recliné en mi asiento, cerré mis ojos y me interné en un mundo de recuerdos de niño. Ví a mamá acariciando mi pelo y a papá observando desde lejos sonriente.
Un 18 de mayo ocurrió la muerte de mi madre en Santiago de los Caballeros. Ese dia su espiritu fue a reencontrarse con Dios donde permanecerá hasta su resurreción final. Mis recuerdos de ni؜ño me llevaron a un poema en este dia de las madres: Cuando los ojos a la vida abría, al comenzar mi terrenal carrera, la hermosa luz que vi por vez primera fue la luz de tus ojos, ¡madre mía!.
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