Opinión

Un empujón financiero retardado

Aquiles Olivo Morel

Mientras aumentan la seguridad al director y funcionarios de la DGII motivado, esencialmente por la presión ejercida por esta institución sobre una parte muy importante de los propietarios de negocios, quienes actuando mediantes mecanismos fraudulentos evaden los compromisos de pagar el dinero correspondiente a los impuestos, el Gobernador del Banco Central de la República, Héctor Valdez Albizu volvió a reiterar su postura sobre cómo impactar en la población con los resultados tabulados de un crecimiento económico que tiene desconcertados a la población porque su poder adquisitivo, cada vez se achica y apenas alcanza para cubrir algunas cosas básicas de la denominada canasta familiar.

El Gobernador del Banco Central pudiera considerarse como la máxima autoridad en materia económica, dispone del comportamiento de los indicadores económicos; las Reservas Internacionales en Divisas; los cuadros básicos sobre el nivel de endeudamiento externo; maneja la inflación y los crecimientos mensuales de los sectores productivos; sin dudas algunas, conoce a cabalidad el curso por el cual transita la economía.

Su firmeza en reclamar que el crecimiento económico alcanza para empujar a las autoridades a decidir sobre un incremento de los salarios, como una única vía de hacer visible este formidable desempeño de la economía, solo equiparable con su par la panameña, la cual superó recientemente, al mostrar un crecimiento de 6.9% de su PIB dice mucho del nivel de autoridad con que cuenta el Gobierno para embarcarse desde ya en esta retardada decisión.

Abdujo que la economía viene de crecer un 7% en el recién finalizado 2018, con una inflación de 1.17% -según el – “la menor registrada en los últimos 34 años”, con la asombrosa entrada de divisas por encima de los 30,000 millones de dólares.

También, hizo el señalamiento de la existencia real en los estudios realizados de una disminución de la pobreza, la cual rondaba el 39% en el 2012 para mostrar un descenso a un 25%, ahora al cierre del 2018, lo que supondría que un millón 250 dominicanos salieron de la pobreza extrema.

Para una franja importante de la población el sostenido crecimiento de la economía pudiera considerarse como una ficción porque solo se refleja en un reducido núcleo de la sociedad, dejando fuera a los trabajadores, tanto del sector público como privado.

Aún persiste un importante grueso de empleados de la nómina pública devengando el salario de los RD$ 5,117.50 mensuales y, en el sector privado los 10,947.30 en contraposición a una canasta familiar que ronda los RD$ 13,818.11.

Para poder lograr que el crecimiento se refleje, como aspira la población y que salga de los títulos de los periódicos hay que desparramarlos, según el Gobernador del Banco Central, hacia el quintil más bajo, el primero que realmente tiene el costo de la canasta familiar.

El auge económico no ha tocado a este quintil, donde realmente se encuentra ubicado el grueso de la población trabajadora, sumergida aun en el país que dejó el Presidente Balaguer, por allá por año 1990. Los efectos finales, en consecuencia se concentran en quienes históricamente han sido los favorecidos por el esplendor de los mejores momentos del desempeño económico.

Resulta asombroso que en la Ley General de Presupuesto 2019 no se considera un aumento para el sector público; peor aún, las reuniones de las principales Centrales de Trabajadores resultan infructuosas, cuando no fallidas, alejando toda posibilidad de concretizar un acuerdo con el sector privado para finalmente alcanzar el consenso sobre los salarios básicos sectoriales.

En la medida en que Valdez Albizu vehemente señala la necesidad de lograr un reflejo de este crecimiento económico, en la población saltan las cuestionantes, propias de este tipo de entuerto. ¿Sobre quién recae la responsabilidad de auspiciar que los trabajadores dominicanos finalmente sean beneficiarios de esta formidable proeza? ¿Por qué no fue considerado el aumento de los salarios del sector público en la Ley de Presupuesto? ¿Existe alguna esperanza de que los sectores envueltos en esta discusión, finalmente puedan alcanzar el consenso y favorecer a la clase trabajadora?

No tengo la menor duda de que los salarios son la mejor vía para hacer posible que el crecimiento económico pueda llegar a los sectores de menor poder adquisitivo; tampoco, me resisto a creer en la falsedad del excelente desempeño de la economía, como lo hacen importantes figuras de la oposición política, llegando al extremo de que fundamente este comportamiento con la Deuda Externa, la cual alcanza aproximadamente el 50% del PIB.

Presentar las Reservas Internacionales  equivalente 7,600 millones de dólares, es decir, los recursos para asegurar cuatro meses seguidos de importación,  nos da una idea de este excelente ritmo económico, poco comparable con los recursos que recibe una franja deprimida de la población que desea mejores condiciones para sus familias.

En definitiva, a pesar de los malos augurios presentados por algunos, el Banco Central de la Republica, nos quieres hacer ver que no está en sus manos la decisión de hacer posible el empujón financiero necesario para que las familias empiezan a disponer de los recursos de mejorar sus condiciones de alimentación, de vivienda, de ropa e, incluso, de educación; pero también, los recursos para atender su salud y  para hacer posible aumentar su expectativa de vida.

La suntuosidad y deslumbramiento exhibido por algunos sectores lo expone el propio gobernador cuando señala la necesidad de que el quintil del medio, refiriendo a los trabajadores y los sectores menos protegidos de la población sea considerado por las autoridades encargadas de decidir urgentemente este reajuste salarial.

Mientras el Ministro de Hacienda, Donald Guerrero aseguro que la presión fiscal alcanzo el 15%, un tímido aumento, en la relación al 14% del año anterior, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) volvió a insistir en la necesidad de incrementar la presión fiscal para conseguir los recursos necesarios, con lo cual pudiera aumentarse el gasto social en la Republica Dominicana. Tanto el propio Ministro como el BID, están consciente de que dicho gasto social se sitúa muy por debajo del promedio de la región.

Mi convicción: Una demora en un incremento de los salarios, tanto en sector público como privado constituye un retraso en el empujón financiero de la familia dominicana, atrapada por los costos de una canasta familiar que evidencia una brecha, imposible de sostenerse por largo tiempo sin que la misma no se refleje una presión social, lo cual no puede, en modo alguno, darse el lujo el gobierno como los sectores productivos nacionales.

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