Opinión

Un primer apunte sobre la automatización

Aquiles Olivo Morel

Muchas personas en todo el mundo se preguntan si los algoritmos pueden ser alterados; en quienes descansa la construcción de los algoritmos y que tanto podrían ser fiable para asumir responsabilidades, aunque tediosa en el pasado, propia de los seres humanos, capaces de ir viendo lentamente algún tipo de relación entre las variables; estos algoritmos, podrían engañarnos sistemáticamente, si  no nos detenemos a mirar con detenimiento su impacto en nuestras vidas; ellos están presente en los intereses de los depósitos y las tarjetas de créditos; en los resultados de los análisis médicos, en su posterior diagnósticos sobre nuestras enfermedades.

En la era digital la automatización pretende extender su dominio a todas las áreas del conocimiento humano, estableciéndose como determinante en la toma de decisiones, por su capacidad de trabajar volúmenes de datos.

Cuestionar los algoritmos a veces pone en entredicho nuestras capacidades y para quienes administran el mundo cotidiano, ven en estas decisiones ridículas, por no decir absurdas, debido a los grandes volúmenes de información que estos procesan, sin ser posible visualizar sus agujeros.

Los algoritmos van perfeccionando sus resultados y sus decisiones en la misma medida en que se enfrentan a las diversas cuestiones lógicas para los que fueron diseñados; nadie, conoce a cabalidad su alcance si realmente estos provienen de escenarios  exóticos, en un sentido estricto más si estos están sometidos al     esfuerzo continuo de las pruebas.

Las escenas en las cuales actúan no van más allá de las representaciones lógicas o expresiones de la realidad del problema, impulsando resoluciones cíclicas o tediosas, donde los humanos tardarían largas horas emprendiendo y evaluando paradigmas, con grandes probabilidades de cometer errores.

Existen algoritmos de todos los tipos: Los hay simples y complejos; van desde las predicciones meteorológicas hasta alcanzar las evaluaciones de probabilidades de inversión en las bolsas de valores; se encuentran presente en las diversas actividades humanas, incluyendo el área financiera, medica, científica y de relaciones y evaluaciones psicológicas; sustraerse de estos enlaces automatizados no resulta posible, al menos que se toda la sociedad no vuelve de repente a las realidades de la era pre industrial.

A nivel global la automatización viene ganando terreno sin demora desde los momentos en que la globalización se expandía, convirtiéndose en ocasiones como un eje fundamental para impulsar el desarrollo de áreas cruciales de la industria.

En el siglo XX surgen los principales organismos regulatorios de las áreas financieras como el Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), organizaciones multilaterales para regular el comercio global; en cada uno de estos organismos se acude a la tecnificación, sea transversal o directa para alcanzar los objetivos trazados, donde se sitúa el desarrollo como piedra angular de las políticas de los países.

Ese salto está latente también en  las democracias representativas o las incluyes a ella en su expansión e inclusión en la región; en marco de los acuerdos las elites políticas de todos estos países debieron avanzar al ritmo de este desarrollo global,  por razones conocidas estos acontecimientos no sucedieron y persisten los atavismos que frenan la transparencia y anclando a veces fantasma imposibles de desterrar de las mentes de estos actores.

Sería imposible avanzar a un ritmo satisfactorio si estas elites políticas no se proponen emprender este camino. Los algoritmos evolucionan siguiendo un patrón prueba error, lo cual les permiten a sus desarrolladores ir sobre la marcha mejorando sistemáticamente los escenarios de actuación de los mismos.

Uso de los macro datos obliga a la obtención de conclusiones, específicamente en la identificación de patrones, lo cual sería imposible mediante los métodos tradicionales. ¿Podrían los algoritmos ser infalibles? ¿Poseen la capacidad para desarrollar procesos de aprendizajes? ¿Hasta qué punto estos algoritmos fijan fronteras éticas? ¿Y podrían establecer diferencia entre conciencia e inteligencia?

A través de los años los seres humanos van dependiendo cada vez mas de las decisiones tomadas por estos algoritmos, en ocasiones no se cuestionan si son fiables o no, los ciudadanos se las arreglan y acomodan sus vidas a las directrices trazadas por estos.

Esto sucede en las decisiones sobre economía; también, por igual en las mayorías de los diagnósticos médicos; en los cambios climáticos y las condiciones atmosféricas; en diversas aplicaciones e investigaciones científicas; en los deportes y en la manera en que se conducen los procesos de enseñanza a nivel global.

Ahora bien, la dependencia de la denominada Inteligencia Artificial (AI) va creando seres humanos marginales o irrelevante, si se consideran las decisiones –fundamentadas en el libre albedrio- emanada de las democracias occidentales, las cuales colocan a los electores en su centro. En ese momento preciso de evaluar quien puede administrar los bienes comunes, tal como aconteció con el Brexit, en la Unión Europea (UE), hecho poco probable si esta decisión hubiese estado en mano de la AI,  la cual consideraría otras cuestiones fundamentales.

Esta es nuestra época. La colocación de excepciones en los algoritmos como se alega en las recién concluidas primarias en la Republica Dominicana jamás podrán demostrarse, salvo no se lleve a cabo, por ejemplo un conjunto de decisiones previas para evitar una alteración de los códigos informáticas, desde la salida del órgano rector (JCE) hasta su destino donde se pondrá en contacto con el usuario final (el elector), totalmente ajeno a si esta realidad está altamente autenticada o se trata de copias maliciosas para alterar su voluntad.

Esa es la discusión: Escuchamos realmente a los algoritmos; son tan fiables como para confiar nuestra confianza por entero en los resultados arrojados por sus altísima capacidad de análisis de los macro datos; esta sigue siendo la cuestión en todas las latitudes, donde aún persisten cierta ojerizas para dejar en manos de las maquinas decisiones donde los sentimientos, emociones y el propio libre albedrio humano están en juego.

Estas cosas van quedando en el olvido pero en el futuro inmediato la misma sociedad deberá centrarse en no dejar en manos de estos algoritmos el 100 % de sus decisiones; la visualización y desarrollo de los elementos físicos no tienen que hacerse a un lado, sin ignorar la capacidad de procesamiento de datos de los algoritmos.

Por lo general, las decisiones humanas se amparan en la conjugación de los procesos bioquímicos, las emociones particularmente son fuerzas activadas por la reacción cerebral ante determinadas circunstancias,  lo cual podría explicar la imposibilidad de conseguir iguales resultados ante la presencia de las mismas circunstancias.

Esta batalla hombre versus maquina tendrá una importancia muy relevante en los días venideros;

El autor es ingeniero de sistemas y cómputos

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