Editorial

Una larga pesadilla

Cuando fue anunciada la cuarentena económica, política y social, hace más de cinco meses, los optimistas pensaban que se trataba de un frenazo de un mes. Los pesimistas hablaban de unos dos meses, a lo sumo, porque, a decir verdad, nadie se imaginaba que la nación pudiera soportarlo.

Con timidez se empezaba a hablar de la posible posposición de las elecciones para junio, vista la imposibilidad de los partidos de promoverse libremente con una parte importante de la vida pública y privada paralizadas.

La capacidad de adaptación de la criatura humana compite con la capacidad para la insatisfacción.

El miedo del contagio se impuso y así como llegó se ha perdido en una gran parte de la población, pero el Estado benefactor entrega una ración pequeña, pero ración, al fin y al cabo, con la que se pueden satisfacer algunas necesidades mínimas.

Ojalá que, así como nos hemos acostumbrado a un mundo a media marcha por un tiempo impredecible, del que también hemos venido a tener una nación a media marcha, no pasemos a la consideración de los programas asistenciales del gobierno como una provisión infinita.

La paralización económica, social y partidista dispuesta a mediados de marzo pasado fue mellada con el inicio de apertura de mayo pasado y con la inevitable campaña electoral de junio para la elección de presidente, vicepresidente y legisladores, pero todavía las expectativas de superación de la pesadilla parecen conservadoras.

Y esto se desprende de las palabras de ayer del ministro de alud, quien ha puesto a depender de una vacuna efectiva, que todavía no tenemos, la superación del coronavirus para el primer trimestre o mediados del año que viene.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba