Editorial

Una lectura del ejercicio del poder en Luis Abinader

A su llegada al poder, con apenas 41 años, y como heredero de una tradición democrática y progresista, vinculada con el marxismo, el doctor Leonel Fernández dijo al periodista Anibal de Castro que en su desempeño respetaría los símbolos del poder, heredados de un ejercicio dilatado y conservador del doctor Joaquín Balaguer. Y así fue.

El doctor Leonel Fernández hizo el trayecto del progresismo marxista al conservadurismo balaguerista y se convirtió en el alumno más aventajado de Joaquín Balaguer, de quien recibió el poder en 1996, echando a un lado las enseñanzas del profesor Juan Bosch, quien lo había empujado en su desarrollo y definido como una especie de “mina de oro” de la política dominicana.

Luis Abinader, sin tradición revolucionaria y heredando las posiciones de su padre, José Rafael Abinader, al llegar a la presidencia de la República en agosto del 2020, ha dicho que desea enterrar algunas de las tradiciones políticas del pasado, simbólicas autocráticamente, y que no representan los nuevos tiempos, pragmáticos y globalizantes. Abinader no asume ni tiene razones para asumir posiciones ideológicas vinculadas con las luchas sociales, reivindicativas y progresistas del pasado, fuera de las luchas por las libertades públicas y el ejercicio democrático, que fue algo enteramente defendido por José Francisco Peña Gómez y José Rafael Abinader, aunque con alguna distancia.

En su desempeño como presidente la sociedad tiene que ir entendiendo y aprendiendo de los símbolos que va dejando Luis Abinader, y quien cada día se crece en su posición institucionalista, respetuosa de la Constitución y las leyes, y en su apertura hacia posiciones progresistas, como las que acaba de expresar en su primer discurso (virtual) ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.

No ha sido ecologista ni militante de la causa verde, pero el 16 de agosto acudió a las instalaciones del Congreso Nacional en un vehículo Tesla, eléctrico completo, versión ecológica, lo que rompe con una tradición de que los presidentes y funcionarios de alto rango utilizan vehículos de alto consumo de combustible.

Rompiendo una tradición autocrática, en la que cada presidente se sirve con la cuchara grande para controlar la justicia, amenazar y manipular a los ciudadanos y opositores, designando un Procurador General de la República políticamente comprometido y al servicio del presidente, Luis Abinader designó a Miriam Germán Brito como Procuradora, y a Yeni Berenice Reynoso como adjunta, y nunca, hasta el momento de posicionarlas, había conversado con ellas, ni las dio instrucciones, que no fueran las que el país presenció al momento de hacerlas jurar la Constitución. Abinader no estaba obligado a entregar al Ministerio Público a alguien independiente del partido en el gobierno. En ese sentido se convierte en el más desprendido y democrático de los presidentes que hemos tenido.

Aunque algunos pudieran considerar normal la designación del abogado Carlos Pimentel en la Dirección de Compras y Contrataciones del gobierno, se trata de un acto de transparencia superior y de compromiso para que nadie de los designados por él cruce la raya en la administración de los fondos públicos. Carlos Pimentel era el responsable de Transparencia Internacional en la República Dominicana. Ningún presidente dominicano habría asumido una postura simbólicamente tan desafiante. Fue la acción de buscar al más crítico de los observadores en transparencia para que desempeñara la función de controlar a los funcionarios del gobierno.

Y otra decisión atrevida, pero al mismo de ruptura de los símbolos de poder, fue la designación de Luis Soto, abogado, al frente del Departamento Nacional de Investigaciones. Ese departamento es el responsable de la vigilancia de la seguridad del Estado, del caliesaje, de seguir la vida privada de la gente con relevancia política y económica. La tradición era que un general del aparato militar desempeñara esa función, porque el DNI depende del Ministerio de Defensa, aunque está al lado del Palacio Nacional. El desconcierto fue muy grande entre los militares expertos en asuntos de inteligencia y espionaje. Esa fue la decisión de Luis Abinader y tiene facultad para hacerlo, porque la Constitución se la asigna. Ni Leonel Fernández ni Danilo Medina, tampoco Hipólito Mejía, jamás pensaron en la posibilidad de poner a un civil al frente del DNI.

Son señales políticas importantes que ofrece el presidente de la República. Y una última, que ya el país ha ido aceptando porque resulta inevitable: En vez de utilizar saco y corbata, trajes tradicionales y simbólicamente ajustados al ejercicio del poder, Luis Abinader utiliza camisas y a veces chaquetas, pero se ha alejado definitivamente de las corbatas. En los actos protocolares en el Palacio Nacional, Luis Abinader no utiliza corbatas. Y ha pedido que cuando se refieran a él, no le llamen “licenciado”, pero tampoco quiere el cortesanismo de “excelentísimo señor presidente”, y pronto habrá un nuevo protocolo en el Palacio Nacional que erradica esa vieja tradición autocrática de que al presidente se le considera un monarca sobre todos los demás ciudadanos. Luis Abinader ha pedido, y lo ha hecho con sinceridad, que su imagen como presidente, una vieja tradición autocrática dominicana, no sea colocada en las oficinas públicas. Esa es también una manera de echar a un lado los viejos símbolos del poder que Leonel Fernández pidió respetar.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba