Editorial

Utilidad de una encuesta

Las encuestas en tiempos electorales toman en cuenta variables políticas, pero incluyen preguntas que tienen que ver con lo social y económico, con el propósito de hacer que los encuestados respondan de manera sencilla a preguntas muy complejas.

Muchas veces vinculadas a problemas irresolutos, con los que hemos vivido los dominicanos desde hace siglos.

Hay dos de esos problemas irresolutos que marcan y frenan, década tras década, el desarrollo del país.

El de la corrupción pública nació con los primeros gobiernos republicanos; y durante siglos sufrimos el mal mayor, la mala economía del país, que ha enclavado a los dominicanos en el más burdo y estacionario estado de subdesarrollo.

Una encuesta, hecha pública hace poco en el cercano periódico HOY, se dio a conocer la percepción que tienen los entrevistados sobre la economía del país.

Con la responsabilidad de responder a las preguntas formuladas de cuatro formas: “Muy mala, mala”, “Ni buena ni mala”, “Buena, muy buena”. Y la última “No sabe. No responde”. Palabras que de por sí forman parte de la conversación diaria del pueblo dominicano.

Sin embargo, también acostumbran los ciudadanos a usar la palabra “regular”, para referirse a una situación que no sabe evaluar con precisión; y que por tanto, no se aventuran a decir categóricamente que está bien o está mal.

Las preguntas de las encuestas no resuelven los problemas de interés, pero tampoco las respuestas de los encuestados movilizarán al gobierno del presidente Danilo Medina a corregir su rumbo.

Solo sirven como documento informativo circunstancial, para saber que los problemas existen y que ningún gobierno ha tenido la voluntad de resolverlos. Contribuyen, eso sí, para mantener vivas, deudas sociales y marcas dolorosas del subdesarrollo, en la memoria del pueblo.

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