Editorial

Vacío facilitador del coronavirus

Para extenderse sobre la colectividad dominicana, el contagioso virus SARS-COV-2 tuvo a su favor debilidades de barreras que se manifiestan en el sistema sanitario, no solo contra esa enfermedad. Otros padecimientos, algunos de alta mortalidad, prosperan por la ausencia de una red suficientemente extendida de centros de atención primaria.

Intereses diversos, incluyendo los de especialistas de la medicina, y una inexcusable desidia oficial, trajeron estos lodos. Muchos han temido, y por eso lo retardan, que el primer escalón del sistema les reste clientes.

La disponibilidad de establecimientos regionales del primer nivel habría sido ideal para detecciones tempranas de infecciones que condujeran a aislamientos bajo atención profesional en los propios hogares de los contagiados. En alta proporción, el tratamiento precoz facilita el manejo de este mal.

A falta de ello, a los primeros síntomas moradores de muchos lugares acuden en masa a hospitales y clínicas detonando el proceso que conduce a colapsos que los entendidos pronostican como cercanos.

Un costo altísimo y difícil de sufragar por errores del pasado. Las consecuencias del congestionamiento son doblemente perjudiciales. El servicio escasea no solo para personas infectadas del virus. Escasos son también los recursos, espacios y asistencias para graves y diversos padecimientos. Ahora solo cabe ensanchar opciones a la carrera. Prontitud ausente todavía.

El irrompible cordón umbilical

En el junio de plena pandemia, las remesas de la diáspora crecieron 25.7% sobre el año anterior. El país es exitoso como exportador de recursos humanos; y la dominicanidad situada en el exterior mantiene buenos lazos con la patria y progresa en muchos órdenes.

Un hijo de esta tierra acaba de ingresar a la Suprema Corte de Nueva York. El aporte de nuestros emigrantes al PBI es un extra de apoyo a la economía nacional que por momentos parece tabla de salvación.

Muchos dominicanos que residen en Estados Unidos y otros que retornaron pasando a retiro de su vida productiva, adquirieron la ciudadanía norteamericana y las ventajas que ella implica. Súbditos de dos banderas que no olvidan sus orígenes. El 83.7 de los crecidos envíos de dólares procede de la Unión Americana. El dinamismo de su economía nos viene bien.

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