Opinión

Vacunas Covid19: Prejuicios globales

Aquiles Olivo Morel

No son uno ni dos, sino millones quienes empiezan a ser víctimas de los prejuicios sobre posibles daños al ADN causado por la aplicación de las vacunas que serán aplicadas próximamente a los humanos para contrarrestar el avance del COVID19 y poner fin a una pandemia cuyos efectos ya empiezan a ser notorios a nivel global, tanto en materia de salud como en los relativos a su impacto en la producción y la economía en general.

A estas nocivas creencias esparcidas a nivel global se les denomina teorías conspirativas, las cuales son negadas rotundamente por expertos. Estas van desde la idea de la implantación de un microchip, con el cual se marcan los seres humanos para ser localizados a través de la Inteligencia Artificial; otras tan descabelladas como la alteración del ADN humano para ir creando una nueva casta, mucho más evolucionada y con nuevas condiciones para la adaptabilidad; no menos absurdas son las restantes: la vacuna contiene el tejido pulmonar de un feto abortado y la orientada a la tasa de recuperación.

Se cuestiona, además, la celeridad con la cual se están desarrollando las vacunas, algo que le tomaba a la comunidad científica un promedio de 9 a 10 años. Son muchas las consideraciones al respecto, si se consideran las experiencias de vacunas como la del VIH, cuyas investigaciones se iniciaron en los 80s, unos 40 años transcurridos y aun no se dispone una inoculación.

Los expertos desmienten estos mitos esparcidos como pólvora en los cinco continentes. “Los desarrolladores de la vacuna en la Universidad de Oxford dicen haber trabajado con células clonadas, pero que estas células “no son en sí células de bebés abortados”.

Los expertos también consideran estas barreras culturales a la hora de establecer los presupuestos globales -70% de la población mundial debe de ser vacunada- para considerar realmente un control sobre el virus Covid19.

Implica una logística de distribución a gran escala para poder suplir la demanda en un tiempo significativo. Los especialistas en esta materia consideran como un reto desarrollar una plataforma capaz de mantener temperaturas bajas –cadenas de frio- para evitar la degradación de los biológicos, una experiencia novedosa a esta escala para la especie humana.

El otro elemento importante lo constituyen las técnicas de desarrollo por parte de la comunidad científica: las empresas desarrolladores se fundamentaron experiencias previas como aquella de “el sistema inmune aprende a reconocer y producir anticuerpos contra la proteína”.

Los mensajes en las redes han señalado que la tecnología de inoculación con ARN mensajero (ARNm) “nunca ha sido puesta a prueba o aprobada antes”.

Es cierto que ninguna vacuna ARNm ha sido aprobada con anterioridad, pero se han realizado múltiples estudios de vacunas ARNm en humanos en los últimos años. Y, desde el inicio de la pandemia, la vacuna ha sido analizada en decenas de miles de personas en todo el mundo y sometidas a un riguroso proceso de seguridad para su aprobación.

Los prejuicios o teorías de conspiración también incluyen de como la implantación de un microchip pudiera servir para empezar a controlar a los humanos, atribuyen a Bill Gates, el cofundador de la empresa de tecnología Microsoft, está detrás de este. El origen de esta teoría conspirativa está relacionada con una comparecencia del líder tecnológico donde afirmó algo parecido: “a la larga “tendremos unos certificados digitales” que podrían mostrar quién se ha recuperado, hecho la prueba y finalmente si fue vacunado. Pero no hizo mención de microchips”.

Un significativo número de personas de la población a nivel global se amparan en la baja tasa de mortalidad para dejar a la misma dinámica de la pandemia a que impulse un contagio masivo y así se desarrollen los anticuerpos, creando una inmunidad natural.

Esto sin mencionar los grupos religiosos en cuya visión no se admiten las transfusiones de sangres; vacunas y otras asistencias médicas. Los prejuicios sobre los efectos colaterales de la vacuna de covid19, aun en desarrollo, provienen de una franja importante de la población global víctima de los efectos de la era digital y la gran proliferación de información a través de la red.

Hay quienes sustentan de como la sobrepoblación viene afectando el planeta; los efectos de estos cambios climáticos y sus secuelas de catástrofes son consecuencia directa de las acciones de los humanos. Estas agresiones amparadas en un proceso de industrialización y expansión urbana desplazan a las especies y en ocasiones hasta la hacen desaparecer.

No es de extrañar entonces la existencia de visiones escatológicas y alternativas de exterminios para balancear una naturaleza saturada. Los científicos en innumerables ocasiones señalan como el entramado político global de las súper potencias no permiten un mínimo de avances en los acuerdos sobre el clima. Discusiones sobre la firma de un protocolo laten en un limbo debido a estas rígidas posiciones, entre las cuales se encuentran quienes consideran este mecanismo de consenso como una falsa, con escasas perspectivas para contrarrestar los efectos del acelerado deterioro de las condiciones de vida y los ecosistemas en nuestro planeta.

En la medida en que se da por definitivo la llegada de las vacunas estas creencias se entretejen en la psiquis de algunas personas. Al margen de la novedad y los retos que esto supone ningunas de las experimentadas hasta el momento, a decir de los expertos, han mostrados efectos colaterales como se piensa.

Los desarrolladores de la vacuna en la Universidad de Oxford dicen haber trabajado con células clonadas, pero que estas células “no son en sí células de bebés abortados”. Estos prejuicios globales provienen y se esparcen a través de las redes sociales y grupos mal intencionados procurando alterar el curso natural del desarrollo de la vacuna que pondrá fin a la pandemia.

Ninguno de estos prejuicios o teoría de la conspiración es cierta. En la medida en que se avanza en el desarrollo de la vacuna y las estrategias para su distribución, en esa misma medida crece la convicción de confianza en que se requiere la protección del prójimo disminuyendo espacio a quienes hoy dicen no aceptar ponerse ninguna de las vacunas en camino para retornar a la vieja normalidad. ¡Obvio, siempre existirán estos prejuicios, aunque en menor proporción, pero la llegada de estas vacunas vas más allá de un anhelo para la civilización, devolverá al mundo su tranquilidad y esperanza!

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