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XVIII Gala de Estrellas de la Danza Mundial: historia y la emoción del presente


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Proclaman los viejos cuentos de vereda que, una vez danzante, se es danzante toda la vida, se pise o no el escenario.

Es una experiencia artística trascendente desde el momento en que se concibe el danzar como un ritual estético que supera ensayos y presentaciones, contratos y el despliegue de los titulares en los medios. Es arte esencial que perfuma la mirada del espectador y le hace vivir en función de la unión entre el movimiento y el ritmo.

El autor de esta crítica, en tanto espectador de numerosas entregas de la Gala de Estrellas de la Danza Mundial, y aun sintiendo en las pupilas la edición 2026 —ejecutada el pasado sábado 18 en la Sala Eduardo Brito del Teatro Nacional—, confiesa que, al percibir sobre la piel la destreza y estética de esos cuerpos, se encuentra ante el signo del arte con propósito.

Mónika Despradel, primera bailarina y exdirectora del Ballet Nacional Dominicano —a quien vimos en actuaciones que nos llenaron de orgullo, desde solos en los cuales se lució hasta aquella vez en la cual, embarazada de siete meses, realizó una actuación que aún recordamos y que imaginamos es un caso único en esta disciplina—, fue la creadora del concepto.

Despradel concibió este proyecto con una doble motivación. La artística: traer a República Dominicana figuras de primer nivel del ballet y la danza contemporánea internacional; y la social: recaudar fondos para la Fundación Nido para Ángeles, dedicada a niños y jóvenes con parálisis cerebral. Desde sus inicios, la gala fue concebida como un evento benéfico donde el arte se convierte en instrumento de transformación social.

Lo disfrutado el sábado pasado se puede describir con dificultad por el temor de que las palabras no transmitan la magnitud de lo vivido. Fue una experiencia transformadora donde la técnica no fue un fin, sino un medio para resaltar la capacidad de los intérpretes para comunicar, conmover y trascender el escenario.

Bailarines de Canadá, Estados Unidos, Cuba, España y la República Dominicana fueron cómplices de un encuentro escénico donde convergieron piezas de extraordinaria belleza y mensajes de gran carga emotiva.

La gala destacó por cuatro factores fundamentales: originalidad, creatividad, innovación musical y la inteligencia de sus coreografías. En ellas se apreciaron lenguajes y estilos que rara vez coinciden en un mismo programa: desde la elegancia de la escuela bolera hasta la expresividad de la técnica Limón.

Fue un desafío integral asumido por cada intérprete con el objetivo de tocar el alma de los espectadores. Y lo lograron; cada pieza fue un puente sensible entre el escenario y el público, construyendo una experiencia compartida de emoción y reflexión.

Este emprendimiento social ha impactado a miles de niños y niñas y a más de 500 familias, ofreciendo hoy un programa integral que alcanza a 245 familias de manera directa. A lo largo de los años, estas galas han acompañado ese crecimiento, madurando hasta convertirse en un hito cultural en la República Dominicana.

La Gala de las Estrellas de la Danza Mundial es hoy uno de los acontecimientos culturales más consistentes y con mayor proyección internacional del país. Su historia combina la excelencia académica con una raíz profundamente humanitaria.

El evento se ha convertido en una tradición anual de alto prestigio que permite al público local ver figuras de élite mundial sin salir del país, posicionando a Santo Domingo como un punto de encuentro internacional de la danza y elevando el estándar técnico y estético del ballet nacional. Se trata de un modelo de gestión cultural sostenible donde el arte no es solo espectáculo, sino una herramienta de inclusión y esperanza.

Al analizar su trayectoria, la gala ha sido un puente cultural internacional por la calidad de sus invitados, un proyecto social exitoso por su impacto tangible y un símbolo de continuidad —algo poco común en eventos artísticos de la región—. A lo largo de sus ediciones, han participado más de 200 bailarines provenientes de las compañías más prestigiosas del mundo.

El inicio y la evolución

Todo comenzó el 30 de mayo de 2007 en el Teatro Nacional Eduardo Brito, con bailarines del American Ballet Theatre, la Ópera de París, el Boston Ballet, el Cincinnati Ballet y el Ballet Colón de Argentina. La prensa de entonces describió el espectáculo como una gala de alto nivel, con ejecuciones de El lago de los cisnes, Don Quijote, Paquita y El corsario. Aquella primera edición fue el evento fundacional de la acción benéfica que crecería junto a la fundación.

Desde entonces, la gala se ha caracterizado por invitar a figuras de compañías de renombre mundial de Estados Unidos, España, Cuba, Italia, Estonia y Canadá. Con el tiempo, el evento ha evolucionado hacia la diversificación estilística, integrando ballet clásico, flamenco, danza contemporánea, neoclásico, tango y hasta hip hop. Bajo la dirección artística internacional de Paul Seaquist, se garantiza una producción que cumple con los más altos estándares globales.

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