Opinión

Y ahora ¿Qué pasará en el PLD?

Aquiles Olivo Morel

Después de un largo camino procurando alcanzar los votos suficientes para empujar una Asamblea Revisora, con la cual se Reformara la Constitución de la República y tachar el “Nunca Jamás”, surgido también a raíz de otra modificación para beneficiar al presidente actual, quien en su alocución muy esperada dejó entrever, indirectamente no tener la intención de buscar una nueva re- postulación para las elecciones del 2020, lo cual despeja el brumoso camino de las primarias a celebrarse en octubre para seleccionar al candidato con el que el PLD deberá concurrir a los próximos comicios.

Tan esperada y repentina alocución se produjo a partir de los comentarios de la introducción de una Nueva Reforma a la Constitución donde importantísimo sectores de la sociedad empezaron a oponerse, incluyendo una franja encabezada por el expresidente Fernández, quien fue capaz de dividir prácticamente a la sociedad en dos.

Nadie pudo excluirse de un debate que abarcó más de tres años, tal como lo expresó el propio presidente en sus palabras. Importantes grupos del país se empezaron a nuclear en torno a la idea de evitar que la Carta Magna fuera alterada para beneficiar a un Danilo Medina para un tercer mandato seguido.

Su decisión se produce precisamente cuando la atmósfera política alcanza un nivel de confrontación muy álgido entre quienes les aupan y aquellos que vieron en esta causa una amenaza a la instauración de una “dictadura”, semejante a la ocurrida en Venezuela.

Las profundas heridas entre las dos facciones del PLD: la encabezada por el propio presidente Danilo Medina y el Doctor Leonel Fernández hicieron posible el asomo de una división definitiva, unas de las tantas ocurridas una vez las organizaciones mayoritarias alcanzan el poder.

La primera expresión de esta divergencia se manifestó en el organismo de dirección superior el Comité Político (CP), sumido en la incapacidad para lidiar con el buen manejo de esta crisis política; por el contrario, este concluyó exponiéndose públicamente a favor de unos de los bandos, incluyendo el Secretario General, afanoso en alcanzar la nominación presidencial juntos varios más de esos 23 mencionados, agrupados en bloque de jóvenes en el nuevo contexto electoral.

Para muchos cerrar estas heridas y unificar a la organización morada se plantea como el desafío inmediato; para algunos estas profundas heridas trascienden cualquier posible entendimiento; serán duraderas e impedirán incluso, un desempeño considerable de la organización, tal como ha sucedido en los últimos procesos electorales.

Por momento, la incisiva  insistencia de una minoría obstinada y cuya actitud fue condenada por una de las corrientes en una  rueda de prensa demostró el nivel  de intolerancia prevaleciente entre ambos. Se manifestó en los intentos de la celebración de  sesiones de ambas cámaras;  y por supuesto, también en  las varias movilizaciones realizadas hacia la Sede de los Diputados y los Senadores. La ansiedad dominó el ambiente político y la arena para librar cada batalla fue el Centro de los Héroes, militarizado y sometido al más alto nivel de confrontación entre ambos bandos del partido oficialista.

La llamada del Secretario de Relaciones Exteriores; el Twitter de Ernesto Samper; las declaraciones de los senadores de los Estados Unidos; los encuentros del Presidente de la República con los empresarios; las manifestaciones auspiciadas por Palacio en diferentes provincias para exaltar la obra de gobierno; las declaraciones airadas de muchos miembros connotados de las organización morada; en fin, ese cúmulo de ataques y contra ataques sirvió para incrementar la temperatura de una caldera política, incapaz hoy de volver de la noche a la mañana a conseguir su estabilidad y tolerancia.

Fueron días difíciles para los sectores económicos y la propia sanidad de la economía dominicana; lo fueron para la institucionalidad y para las familias estresadas y sometidas a un debate político amenazante de tirar por tierra todos los logros alcanzados por la República Dominicana.

El discurso del presidente abre la compuerta a muchas interrogantes: ¿Será posible a partir de ahora empezar a construir puentes de entendimientos entre estas dos figuras políticas, golpeadas por la desconfianza? ¿Podrían conseguir llegar al final del túnel oscuro a un  posible entendimiento, fruto de toda esta experiencia, llena de hirientes declaraciones; afectados por los propios criterios de sus colaboradores?

Y finalmente, ¿tendría el PLD suficiente madurez para reencontrarse y recurrir a una figura ajena a quienes se encuentran sumido en un debate que los separas cada vez más?

Nadie puede esperar soluciones mágicas, aunque las palabras del presidente despejan la posibilidad de una Reforma Constitucional que le favoreciera para participar sin obstáculo en los comicios del 2020, las mismas no reflejan un despeje o repliegue de sus seguidores, por el contrario, ahora se asoman nuevas interrogantes para sus adversarios.

No se alejaran y seguirán actuando como grupo; no buscaran ningún tipo de acercamiento con el presidente Fernández y tratarán de hacer lo imposible para que este finalmente no encabece a la boleta morada. En  su discurso se estableció claramente que las caras nuevas, se refiere a quienes intentaron posicionarse como precandidatos y para ello incluso renunciaron a la posición que desempeñaban, aún siguen siendo una pieza clave en los posibles acuerdos o entendimientos.

Y si por algún momento se piensa que ese discurso da un respiro a las confrontaciones políticas a lo interno del PLD me atrevo a pensar que,  por el contrario ahora se crean nuevas incertidumbres; se anidan en el CP resentimientos los cuales van a requerir un largo y tortuoso camino para poder enmendarse, subsanarse o cicatrizar; y ahora: ¿Qué pasará en el PLD? A mi modo ver las cosas este tendrá que reinventarse de cara a todos los hechos que vienen sucediendo, a los cuales no escapan una revisión de sus conductas al frente de una sociedad que demanda nuevos líderes y suficiente vigor en su interior para mostrar a sus conductores las consecuencias de no servir con interés; respeto a los Derechos Humanos; afianzar la seguridad de la gente y, obviamente emprender la cruzada contra la corrupción y el peculado.

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