Navegar por el territorio de las adicciones, independientemente del tipo, no es nada sencillo. Y no lo es porque muchos tipos de sustancias o comportamientos tienen la capacidad de reconfigurar nuestro cerebro hasta el punto de que considere necesario lo que objetivamente no lo es. Pasa con las drogas, pasa con el alcohol, pasa con el tabaco e incluso pasa con la tecnología. Y en todo ello desempeña una papel de suma relevancia la dopamina,
La dopamina es un neurotransmisor que impulsa la motivación, el placer y la recompensa, conectando sensaciones agradables con comportamientos para que los repitamos. Pero cuando se produce un desequilibrio o una alteración de los sistemas dopaminérgicos puede desembocar en diversos problemas, como el mencionado de las adicciones. Y el problema es que nuestro entorno está configurado de tal manera que ese desequilibrio se ha convertido en la norma en muchos casos.
La búsqueda de placer que se convierte en dolor
“Vivimos en una época y un lugar en los que tenemos más acceso a los artículos de lujo, más ingresos disponibles, más tiempo libre, incluso para los más pobres de entre los pobres, que nunca antes en la historia. Y resulta que eso es estresante para nuestro cerebro. Y es estresante de una forma totalmente nueva a la que realmente no nos hemos enfrentado antes, lo que nos hace a todos más vulnerables al problema del consumo compulsivo y la adicción. Y creo que la adicción es la plaga moderna”, asegura la doctora Anna Lembke en The Diary of a CEO.
“Creo que vamos a tener que lidiar con el problema del consumo compulsivo en un mundo de abundancia en el futuro previsible. Y nuestra supervivencia dependerá de que descubramos cómo vivir en un mundo de abundancia, a pesar de que nuestros cerebros hayan evolucionado para un mundo de escasez”, añade la psiquiatra especializada en adicciones, que además es es profesora y directora médica de Medicina de las Adicciones en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford (EE.UU).