Nacionales

Detectan red corrupta en el mantenimiento de escuelas públicas


Escuchando artículo…

0:00 / 0:00


Contratistas cobraron por obras no ejecutadas. El fraude en Educación no se mide en millones, sino en vidas afectadas, en niños que estudian en aulas húmedas y maestros que enseñan en condiciones indignas

 

En República Dominicana la corrupción no solo devora presupuestos: devora futuros. Pocos espacios evidencian con tanta crudeza esa verdad como el Ministerio de Educación. Desde que el 4% del PIB fue asignado al sector educativo, la ilusión de una transformación nacional pareció al alcance de la mano: aulas dignas, comedores escolares, techos impermeabilizados, canchas deportivas y laboratorios listos para forjar una generación competitiva.

Pero detrás de las cintas inaugurales y los discursos esperanzadores se cocinaba un esquema que hoy sale a la luz con la precisión de un expediente forense: contratistas cobrando por trabajos incompletos, mal ejecutados o nunca realizados, y funcionarios internos avalando con sus firmas lo que jamás existió. El resultado: un círculo vicioso de escuelas deterioradas, mantenimientos eternos y facturas infladas que se repiten año tras año como un libreto aprendido.

Este no es un caso aislado. Es un secreto a voces: directores escolares que murmuraban entre dientes las irregularidades, comunidades que veían llegar cuadrillas a “simular” reparaciones, padres resignados a enviar a sus hijos a aulas que llueven por dentro. Todo era atribuido, desde la cúpula ministerial, a “errores aislados” o “problemas técnicos”. Sin embargo, el informe de la Dirección General de Mantenimiento de Infraestructura Escolar (Dgmie) desnuda la verdad: las entrañas del monstruo viven dentro del propio Ministerio.

Porque lo único peor que la corrupción es la incompetencia; y lo único más dañino que ambas, es la mezcla de las dos, sazonada con maldad, deshumanización y alevosía. Eso fue lo que ha ocurrido en el Minerd durante años: un entramado organizado que convirtió la inversión pública en botín privado, dejando a la educación —el derecho más sagrado de un pueblo— hecha ruinas.

La estructura invisible del fraude

El Ministerio de Educación es un coloso presupuestario. Cada año mueve más de 200 mil millones de pesos, cifra que supera incluso a varios ministerios juntos. Esa magnitud, en lugar de blindarlo, lo volvió presa fácil de pequeños grupos enquistados en su propia burocracia.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba