Opinión

¿Es la sucesión presidencial un reto del PRM?


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Por: Rafael A. Escotto

No pretendo con este trabajo ser un experto en política. Por eso no nos atrevemos a competir en ese campo con la prestigiosa politóloga Rosario Espinal. Pero sí podemos conceptualizar en cuanto a sus consideraciones de que «el mayor reto que enfrenta el Partido Revolucionario Moderno (PRM) para el próximo cuatrienio es cómo va a sortear la sucesión presidencial de cara a las elecciones del 2028». Es, precisamente, sobre esta opinión que pretendemos referirnos en este trabajo.

Creo que la reputada politóloga santiaguesa ha formulado una opinión sobre la sucesión presidencial en el PRM un tanto apresurada al individualizar al partido de gobierno como si fuera la única organización en el país que muestra lo que ella supone un vacío de liderato y, además de este juicio, ella declara la situación de «compleja», apoyando su proposición en el hecho de que el liderazgo del país es «personalista» y no dudamos que sea así en todos los partidos del sistema.

Rosario sustenta su idea en que los personalistas creen tener el carisma de ser presidenciables. El personalismo en política es la aceptación conceptual de un partido político a una persona y a sus ideas más que a una ideología en particular, es decir, que el partido o la ideología adquieren menos importancia que el propio líder o dirigente.

¿Acaso no está sustentado todo el ideal de la Fuerza del Pueblo (FP), del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) a una especie de culto a la personalidad de Leonel Fernández Reyna, de Danilo Medina Sánchez y de Miguel Varas Maldonado donde los tres han sido elevados por los seguidores de estas dos organizaciones a una magnitud casi mística o sagrada?

El vacío de liderazgo que apunta Rosario Espinal no debe verse como un asunto exclusivo del PRM ni de la República Dominicana. Sostenemos la creencia de que lo que Rosario Espinal considera que el gobierno de Luis Abinader tiene un carácter personalista es propio de los países de América Latina, sin embargo, el mandatario dominicano está tratando de cambiar este comportamiento débil de nuestra democracia creando, a partir de su reelección en 2024, un gobierno menos populista, fortaleciendo, como plantea el politólogo argentino Sergio Berensztein, la estructura partidaria.

Según Berensztein «los liderazgos en América Latina son en su origen democrático, pero no han buscado desarrollar o fortalecer las instituciones políticas que dan forma a la democracia como espacios clave para el debate y la formulación de políticas públicas». La aceptación de Luis Abinader de participar en los debates de ANJE tenemos que verlo como el comienzo de evitar en el futuro la degradación democrática y detener el aumento de la polarización política, instaurándose un sistema de políticas públicas más de tipo cooperativo que satisfaga las necesidades existentes.

Por otro lado, podemos decir que cuando se habla de gobernabilidad se debe entender como la situación en la que existen condiciones favorables para la acción del gobierno y que se compone de dos elementos: la legitimidad y la eficacia. El gobierno de Abinader nos solo es legítimo, también es eficaz.

Lo de legitimidad parte de la creencia de que estas instituciones son las mejores que el sistema puede tener, mientras que la eficacia está relacionada con la capacidad del gobierno para encontrar respuestas a las demandas de la sociedad, tanto porque consiguen desarrollar políticas idóneas que resuelven las dificultades existentes como porque las mismas permiten que el Gobierno consiga dar respuestas a las demandas y expectativas de la ciudadanía sin sobresaltos, pudiendo realizar sus programas y no estando sujeto a elementos disfuncionales.

Leyendo un análisis que formuló en 2024 el analista internacional en materia de conflictos y geopolítica David García Pesquera este especialista español plantea que el entorno socioeconómico y político mundial es complejo, por lo que existe la necesidad que comprendamos lo que él denomina «permacrisis» y «policrisis». Según García Pesquera «permacrisis» es un largo periodo de tiempo de inestabilidad e inseguridad, como consecuencia de eventos de carácter catastrófico, como puede ser una guerra, una pandemia, crisis económicas, la inflación, desastres naturales o la crisis climática. Por lo tanto, con el uso de este término se busca definir el panorama actual de gran incertidumbre, en el que la interdependencia y la frecuencia de fenómenos adversos tienen su efecto en la población.

En cuanto a lo de «policrisis» es una situación en la que nos enfrentamos a numerosas crisis al mismo tiempo, de forma que la situación en sí suponga un reto conjunto.

Durante la crisis sanitaria del COVID-2019, en la que murieron millones de personas en el mundo, se golpeó de forma aplastante a la economía global, a la vez que la desconfianza entre actores y la salud mental se debilitaron. Sin embargo, tenemos que reconocer que el liderazgo del presidente Abinader frente al COVID-19 en República Dominicana fue fundamental para evitar que en el país hubiera una gran mortandad. Tenemos que aceptar y reconocer al mismo tiempo que esto se debió a un asunto de eficiencia del Gobierno frente a la pandemia.

Los supuestos a los que alude Rosario de que «si el PRM fracasa en la sucesión presidencial se arma un lío en el PRM» son tan solo conjeturas, toda vez a que la línea de sucesión presidencial está garantizada dentro del PRM y el propio presidente Abinader ha explicado muy bien este tema en recientes declaraciones que no se repostulará para un nuevo período en el 2028, al asegurar que «no todos los políticos somos iguales».

Aunque estas declaraciones del mandatario podrían parecerle a la distinguida politóloga «un gran reto personal» y, además, a que vayan —según ella subraya— a tener un gran reto de la unidad partidaria, por el resto de la sucesión partidaria, esta opinión podría caer en el campo de lo meramente especulativo. Naturalmente, respetando las razones, visibles o disimuladas, invocadas por Rosario Espinal.

En cuanto a si el mandatario pretende o no, como insinúa la reputada politóloga, modificar la constitución, ya Luis Abinader se refirió al tema de la reforma constitucional cuando destacó de forma contendente que «no hay fuerza humana que me haga modificar la Constitución para extender los plazos de la Presidencia».

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