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«Iré a buscarlo yo misma»: Madres latinas viajarán a Rusia para exigir respuestas sobre sus hijos atrapados en el frente


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Santo Domingo, RD.-. El drama humanitario generado por las redes transnacionales que reclutan a latinoamericanos mediante engaños para enviarlos al frente de batalla en Europa del Este ha entrado en una fase desesperada.

En El Salvador, Perú y Colombia, madres y esposas desafían la barrera del idioma, las amenazas y el peligro inminente para viajar directamente a territorio ruso antes de finalizar el año en busca de respuestas.

En Colombia, Claudia Sánchez vive con el corazón en un puño. Su hijo, Wilder Yesid Cuchibaguen Sánchez, de 36 años, vivía en Bogotá trabajando de manera independiente en eventos recreativos. Desempleado y en busca de un futuro mejor para apoyar a su madre, Wilder cayó en las redes de captación que operan en la capital colombiana. El 17 de febrero de 2026 abordó un vuelo hacia Rusia engañado sobre la naturaleza de su contratación.

«Él nunca me dijo que iba para Rusia. Me escribió: ‘Mami, Dios me abrió una puerta fuera del país, lo que tanto anhelaba’. Dos días después vi sus fotos en Moscú», relató Claudia en entrevista exclusiva con Infobae.

La ilusión duró poco. Al percatarse de que lo enviaban al frente de batalla y no a un trabajo civil, Wilder se rehusó a combatir. La respuesta de los mandos militares fue la violencia física. A golpes, le fracturaron la tibia y el peroné de la pierna derecha. Pese a estar hospitalizado y sin recuperarse, fue sacado del centro médico para ser enviado directo a las trincheras.

Durante meses logró enviar audios fugaces desde los celulares de otros compañeros, hasta que la comunicación se cortó definitivamente el 30 de mayo.

A pesar de recibir constantes amenazas de intimidación por sus publicaciones en redes sociales y de enfrentarse a respuestas evasivas de la Cancillería en Bogotá, Claudia ha decidido no amedrentarse: «Nos dicen que Rusia no recluta latinos, pero ¿por qué portan uniforme ruso? ¿Por qué llevan un arma?».

Tras asesorarse legalmente y cumplir con la ventana de espera exigida por la normativa rusa para cambiar el estatus de su hijo a oficialmente desaparecido, Claudia se prepara para viajar a Moscú antes de que finalice el año. «Como madre uno jamás espera enterrar a un hijo. Quiero decirle a los jóvenes que no se dejen deslumbrar por ese dinero; nada de lo que prometen es verdad y el dolor que dejan en casa es insoportable».

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En El Salvador, Ester enfrenta la tragedia por partida doble. Sus dos hijos viajaron engañados a Rusia bajo la promesa de altos salarios para sacar adelante a su familia.

En mayo, compañeros de armas le transmitieron de forma extraoficial que su hijo Iván había fallecido en combate; un mes después, su otro hijo, Kevin, murió tras el impacto de un dron en la línea de fuego.

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