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Juan Cruz: Una voz que parte con su magia a entonar el ritmo alma nacional

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RESUMEN
Resumen generado con IA ·
Por Rafael Almánzar Mármol.
El diatónico acordeón con siete notas resuena con su entonación un merengue liniero y con su dulzura melódica contagia los corazones de la colectividad.
Con ese ritmo profundo y contagioso, se eleva la voz de Juan y el pambiche provocaba pantomima de movimientos cadenciosos en la multitud.
Es Juan, que protagoniza la interpretación en el pentagrama y el acordeón del Prodigio fluye en fa, en re y enfatiza en mi, para que el instrumento aerófono descargue su energía.
En su tierra pródiga, fértil y cultivador de merengueros por los años, el toque de tambores membranófonos y el sonido del idiófono de la gúira en las alturas de toda Altamira.
Juan fue el relevo generacional del padre del merengue vernáculo el gran Papá Ñico, de Cutá, el terrible Pascasio, de Matóncito, del ciego de Nagua y del inmenso Tatico.
Desde las otroras galleras, las típicas ranchetas y las encumbradas salas de fiestas, ahí se escuchó la entonación de falsete en el merengue de perico ripao del Cibao en las demás latitudes de la geografía nacional.
Juan es el merengue de tierra adentro . Termómetro rítmico, de narraciones históricas y cotidianas , en donde el merengue ha prevalecido con su vigor, su presencia ,matices y su multiplicidad de colores, para ser indiscutiblemente la radiografía y alma musical dominicana.





