Sobre el Degüello de Moca, 1805

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RESUMEN
Lidia Melania Emeterio Rondón
Recientemente, el 3 de abril del presente año, arribamos a 219 años del infausto y horrendo acontecimiento ocurrido en nuestro territorio: EL DEGUELLO DE MOCA, un día 3 de abril del año 1805 en la ciudad de Moca, y al interior de un templo católico. Esta acción fue acometida por tropas haitianas dirigidas por los haitianos Dessalines, y Henri Cristophe. Hubo allí, en la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Moca, un asesinato en masa, el cual fue precedido del engaño, una trampa donde quedó atrapado el sacerdote católico a quien el jefe de tropa le solicitó, en nombre de la paz, que celebrara un Tedeum (ceremonia religiosa, católica, de agradecimiento y acción de gracias) el sacerdote, muy confiado, aceptó la solicitud.
Los hechos dan cuenta de que una vez congregada la gente en la iglesia, las puertas fueron cerradas por los haitianos, iniciando ahí el incendio y el degüello donde perecieron hombres, mujeres y niños. Es lo que puede entenderse como un crimen de odio, de odio racial, y de un odio porque si… Terminada la masacre, las tropas haitianas, una vez saciada su sed de sangre, salieron de Moca dejando tras de si violaciones sexuales, robos, saqueos, incendios, y detenciones que incluyeron abarcaron a otros pueblos del Cibao. Y estos son los hechos cuya veracidad han tratado de ocultar y negar muchos historiadores e historiadoras dominicanas que, a ciegas, se identifican con los intereses haitianos, y quieren presentar el degüello como una fábula, algo inverosímil. Estas personas conocedoras de la historia dominicana analizan e interpretan los hechos para favorecer a Haití, y pretenden que los dominicanos y el mundo no reflexionen nunca sobre el potencia de odio y canibalismo ancestral que yace en un número indeterminado de haitianos.
A 219 años del baño de sangre en Moca, la manipulación de los hechos ha sido tal, que ha logrado que el 3 de abril pase como si nada pasó. El daño sufrido, tanta sangre derramada, no ha calado en la conciencia colectiva, ni siquiera en Moca, el escenario del agravio, de la pérdida, de la ignominia. Así solo ganan los haitianos para seguir imponiéndose a los dominicanos con otras clases de degüellos: la invasión haitiana en todo el territorio nacional, el usufructo de parte importante del presupuesto nacional, la criminalidad absolvente, la construcción temeraria de un canal sobre el río Masacre, solo para ahondar las malas relaciones con el vecino.
Entiéndase también como degüello el documento amenazante, enviado por la ONU a Rep. Dom. con acusaciones que solo buscan intimar al país para que acepte refugios haitianos, mas allá de la invasión que ya está plantada. Todas estas son formas de degüello son promovidas por los traidores y traidoras locales al servicio de los organismos internacionales.
Sin que esto sea confundido con el odio, hay que recordarle a los dominicanos/ as que los pueblos, sobre todo los que han sido víctimas, no pueden olvidar aquellos hechos, pues corren el riesgo de repetirlo aunque no sea de la misma forma. Sobre el DEGUELLO DE MOCA bien podría incentivarse la elaboración y posterior aprobación de una ley que asigne un día para recordar este nefasto acontecimiento ejecutado por tropas haitianas un 3 de abril del año 1805.





