El mundo vuelve a 1978 (y no es metáfora)El mundo vuelve a 1978 (y no es metáfora)

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RESUMEN
Según el Democracy Report 2026 del Instituto V-Dem, la democracia que experimenta el ciudadano promedio del planeta ha retrocedido a los niveles de 1978. No es una metáfora, sino una medición que pondera la población de cada país. Hoy el 74 % de la humanidad vive bajo autocracias y apenas un 7 % en democracias liberales. Hay más regímenes autocráticos (92) que democráticos (87). Casi medio siglo de conquistas parece desvanecerse.
Para los dominicanos, 1978 tuvo especial significación. La victoria electoral de Antonio Guzmán fue un referente para Latinoamérica y un referente en la tercera ola de la democracia. Abrió paso a una alternancia que, pese a las resistencias, marcó nuestra transición democrática. Mientras nosotros comenzábamos a dejar atrás una etapa de restricciones políticas, el mundo avanzaba hacia la expansión de las libertades. Resulta paradójico que las estadísticas internacionales nos devuelvan precisamente a aquel punto de partida.
El informe de V-Dem, elaborado por investigadores de la sueca Universidad de Gotemburgo, examina, además de las elecciones, la independencia de los poderes públicos, las libertades civiles y los controles sobre quienes gobiernan. Porque celebrar certámenes electorales no garantiza, por sí solo, la existencia de una democracia liberal. En las Américas sabemos muy bien de gobiernos que conservan las urnas mientras debilitan las instituciones.
La tendencia lleva más de una década. Al cierre de 2025, unos 44 países atravesaban procesos de autocratización, frente a apenas 18 que avanzaban democráticamente. Sin embargo, el retroceso no es inevitable. Las elecciones de Hungría y Serbia en 2026 desplazaron a fuerzas políticas que parecían inexpugnables. Brasil, con una elección presidencial reñida, mostró que la competencia electoral sigue viva, pero también cuánto pesa la polarización sobre la aceptación de sus resultados.
Entre los hallazgos más significativos del informe aparece Estados Unidos. Por primera vez en más de medio siglo, V-Dem ha dejado de clasificarlo como democracia liberal, aunque permanece entre las democracias electorales. Para la República Dominicana, tan vinculada comercial, migratoria y políticamente con Washington, este cambio invita a reflexionar sobre la importancia de la estabilidad institucional en un escenario internacional cada vez más complejo.
V-Dem incluye a la República Dominicana entre los países que registran avances democráticos, en un proceso de profundización iniciado en 2018. Es una señal alentadora que merece atención. Pero seguimos teniendo una cultura política demasiado dependiente de los liderazgos personales, partidos con insuficiente democracia interna e instituciones cuya fortaleza todavía se pone a prueba cuando afectan intereses poderosos.
La democracia no se consolida únicamente porque sobreviva a varias elecciones. Necesita instituciones capaces de poner límites, dirigentes dispuestos a respetarlos y ciudadanos que comprendan que las libertades no son concesiones de quienes gobiernan.
El mundo no está condenado a regresar a 1978. Pero el entorno internacional sobre el que construimos buena parte de nuestra estabilidad ha cambiado. Para nosotros, aquel año representó la posibilidad de comenzar de nuevo. Casi medio siglo después, el desafío consiste en demostrar que hemos aprendido a construir instituciones que valgan más que los hombres que las ocupan.





