Salud

¿Tener un perro puede influir en la salud del bebé? Científicos encuentran una pista en el polvo del hogar


Escuchando artículo…

0:00 / 0:00


NUEVA YORK,EE.UU./ REDACCION DE SALUD.- La presencia de un perro modifica la comunidad de microorganismos del hogar y algunos de esos cambios podrían explicar parcialmente por qué estudios anteriores han encontrado menos infecciones y menor utilización de antibióticos durante el primer año de vida entre niños que conviven con estos animales. Esa es la conclusión de una investigación encabezada por Jenni M. Mäki, publicada el 12 de junio de 2026 en Pediatric Allergy and Immunology.

El equipo estudió a 368 niños finlandeses, recopiló semanalmente información sobre fiebre, otitis, uso de antibióticos y convivencia con perros desde la semana 9 hasta la 52 de vida y analizó muestras de polvo recogidas cuando los bebés tenían aproximadamente dos meses.

Los científicos partieron de 12 géneros bacterianos y dos de hongos que investigaciones anteriores habían relacionado con hogares donde viven perros. Ocho de esos microorganismos explicaron individualmente entre 10 % y 23 % de la asociación estadística entre convivir con un perro y al menos uno de los indicadores de salud evaluados.

El resultado más fuerte correspondió a Pasteurella, cuya mayor presencia se vinculó con menos semanas de fiebre y también con menor uso de antibióticos. Collinsella se asoció con más semanas saludables y menos tratamiento antibiótico y otitis, mientras que Ruminococcus y el hongo Udeniomyces se relacionaron con menos semanas de fiebre.

Cuando los investigadores analizaron microorganismos que tendían a aparecer juntos encontraron otro dato relevante: la combinación de Collinsella, Ruminococcus y Sutterella explicó alrededor del 25 % de la reducción del uso de antibióticos asociada con la presencia de perros. Al considerar conjuntamente los géneros relacionados con cada desenlace, estos explicaron aproximadamente el 21 % de la asociación con más semanas saludables, 17 % de la relacionada con menos tratamiento antibiótico y 15 % de la observada con menos semanas de fiebre.

En cambio, la cantidad total de células bacterianas, la riqueza de especies y la diversidad general de bacterias y hongos no explicaron significativamente el aparente efecto protector. Esto sugiere que podría importar más qué microorganismos están presentes que simplemente tener una vivienda con mayor cantidad o variedad de microbios.

Los autores plantean que estas exposiciones ambientales podrían participar en el desarrollo del sistema inmunitario durante los primeros meses de vida. “Los resultados refuerzan nuestra comprensión de que el ambiente microbiano durante la primera infancia desempeña un papel importante en el desarrollo del sistema inmunitario”, señaló la pediatra e investigadora Jenni Mäki, vinculada al Instituto Finlandés de Salud y Bienestar (THL), el Hospital Universitario de Kuopio y la Universidad de Finlandia Oriental.

La investigadora principal Anne Karvonen añadió que reducir algunas infecciones respiratorias tempranas podría ser relevante para estudiar posteriormente el riesgo de asma. Esa posibilidad sigue siendo una hipótesis para futuras investigaciones: este trabajo no evaluó si los niños desarrollaron menos asma a largo plazo ni permite afirmar que los microbios identificados sean responsables directos de prevenir enfermedades.

El diseño del estudio obliga además a interpretar los resultados con cautela. Las familias no fueron asignadas al azar a tener o no un perro y pueden existir diferencias de estilo de vida, exposición al exterior, alimentación o rutinas familiares que también influyan en el microbioma y la frecuencia de enfermedades; los propios investigadores reconocen que varios de esos factores no fueron estudiados. La cohorte tampoco representa necesariamente todos los hogares: cerca de un tercio de las familias vivía en granjas, aproximadamente la mitad en zonas rurales y el resto en ciudades. Por ahora, los resultados no justifican comprar un perro como estrategia médica, relajar la higiene ni exponer deliberadamente a los bebés a microorganismos. Lo que aportan es una pista sobre cómo el ambiente doméstico puede interactuar con el sistema inmunitario durante una etapa especialmente sensible.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba