Opinión

Transparencia vs. Corrupción: Un Debate Necesario


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Por Rafael A. Escotto

En países como la República Dominicana, donde se discute la transparencia, la integridad y el combate a la corrupción estatal, erradicar esa práctica arraigada representa un desafío complejo. La dificultad radica no solo en la estructura institucional, sino en la calidad moral y operativa de los actores políticos que, directa o indirectamente, facilitan el éxito de la corrupción.

Modificar una conducta socialmente aprendida y tolerada durante décadas exige más que buenas intenciones. Desde la perspectiva de la psiquiatría social, transformar una visión colectiva que ha normalizado la corrupción como medio de vida dentro de un sistema político moralmente ambiguo es un proceso científicamente arduo. No basta con escuchar discursos sobre las bondades de la transparencia: se requiere educación continua, voluntad política firme y coherencia institucional.

Este cambio de comportamiento se vuelve aún más difícil cuando la ciudadanía está expuesta a mensajes contradictorios provenientes de los mismos actores políticos que, habiendo sido señalados o condenados por corrupción, aspiran nuevamente al poder confiando en la desmemoria del electorado. Tal dualidad genera confusión, alimenta el abstencionismo y pone en riesgo el ejercicio democrático.

Durante las campañas presidenciales, los votos suelen beneficiarse del desconcierto que provocan discursos donde se entremezclan verdades y mentiras, dificultando que el votante descifre con claridad el mensaje recibido. En este contexto, los mercadólogos —profesionales especializados en el análisis del comportamiento del consumidor— juegan un papel crucial. Su labor consiste en diseñar estrategias para posicionar productos, servicios o candidaturas en el mercado electoral, moldeando la opinión pública a favor de sus clientes.

Todo pronunciamiento en favor de la transparencia desde el poder será inevitablemente refutado por la oposición. El presidente Luis Abinader Corona, el 10 de febrero de 2025, declaró enfáticamente que «la lucha por la transparencia es irrenunciable para el Gobierno», anunciando la creación del Sistema Nacional de Transparencia y Anticorrupción (SNTA).

Aunque este mecanismo representa un avance significativo, ningún sistema es infalible. Siempre existe la posibilidad de que funcionarios corruptos escapen a los controles más rigurosos. Lo positivo del SNTA es que, ante cualquier señal de irregularidad en un ministerio o dirección general, se activa de inmediato la acción penal, permitiendo que la Procuraduría Fiscal —en ejercicio de su independencia— inicie una investigación formal.

Este tipo de dispositivo no existía en administraciones anteriores, lo que facilitó que muchos funcionarios defraudaran al Tesoro Público con impunidad. Hoy, algunos de ellos exhiben sus riquezas sin pudor, como si nada hubiese ocurrido. Lo más indignante es que muchos buscan regresar al poder, apelando a una supuesta redención moral o limpieza de pecados.

 

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