Opinión

Un faro en silencio: Claudio Concepción


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Por Rafael A. Escotto
Cuando recibí la infausta noticia, me hallaba fuera de la ciudad de Santiago. Al leer en los medios digitales la crónica sobre el fallecimiento de Claudio Concepción, periodista y cronista de arte reconocido tanto en el ámbito nacional como internacional, mi sensibilidad se vio profundamente conmovida.
Por unos instantes, sentí que se interrumpía el curso de mi proceso creativo. En ese momento redactaba un artículo junto al busto de Alex Bueno erigido por el pueblo de San José de las Matas. La desaparición de una figura como Claudio Concepción —custodio y divulgador de la creatividad humana— deja un vacío profundo en la escena artística de la República Dominicana. Su desaparición representa también la pérdida de una voz lúcida y necesaria, capaz de interpretar, acompañar y proyectar las diversas expresiones del arte nacional.
Claudio no se limitó a informar sobre la actividad artística: contribuyó a conferirle sentido, visibilidad y trascendencia. Desde su labor periodística y desde la plataforma de la Asociación de Cronistas de Arte (ACROARTE), dinamizó el diálogo entre creadores, instituciones culturales y público, convirtiéndose en un referente indispensable para comprender la evolución del arte dominicano.
Con su muerte se extingue una presencia vital, pero permanece una obra intelectual que las nuevas generaciones sabrán valorar. Su legado constituye un testimonio de compromiso con la cultura y de respeto por quienes, mediante la imaginación y el talento, enriquecen la vida espiritual de la nación.
Santiago y la República Dominicana pierden a un cronista; el arte dominicano, a uno de sus intérpretes más atentos. Queda, sin embargo, el eco de su palabra, resonando desde la memoria y desde ese espacio simbólico donde la creación continúa desafiando al tiempo.
De igual modo, y con mayor significación social e intelectual, la Asociación de Cronistas de Arte (ACROARTE), fundada el 28 de febrero de 1984, queda sin uno de sus líderes más fogosos. En este sentido, ACROARTE queda invitada a asumir la responsabilidad de preservar ese legado, fortalecer el diálogo entre generaciones y sostener la labor de difusión de las artes con la integridad que Claudio encarnó.
Que su ejemplo sirva de faro para las nuevas generaciones de cronistas, críticos y gestores culturales,
estimulando iniciativas que hagan visible la sensibilidad, la rigurosidad y el compromiso cívico que caracterizaron su obra. Así, aunque su voz se haya silenciado, su influencia seguirá iluminando el recorrido del arte dominicano hacia horizontes más amplios.
Paz a su alma.

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