Una solicitud ridícula y populista

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RESUMEN
Lo que menos esperaba la población sensata, era que nuestros políticos de la oposición se colocaran en “las tablas”, con la negativa disposición de actuar, solicitando la interpelación de la ministra de Interior y Policía, Faride Raful. Y hablo de actuar en el sentido específicamente teatral de la palabra. Porque ninguno de los partidos concernidos en la antedicha solicitud ignora la desesperante situación en que se encuentra la población trabajadora y decente a consecuencia del desafío que muchos malos dominicanos hacen a las disposiciones que norman la convivencia ordenada y pacífica.
Ninguno de tales partidos, ignora el desasosiego que comporta la mayoría de los buenos dominicanos por los escándalos que hacen los borrachones cuando, sin importar el sitio y la hora, se colocan por encima de la ley para someter a los demás al dañoso ruido: colmadones y conciertos de “musicólogos” son apenas dos de los lugares en los que se concentra esta estirpe bárbara que poco a poco viene corroyendo la paz y la armonía de que somos dignos. Y cuando surge alguien que quiere evitar nuestra caída al abismo tártaro, entonces aparecen, como El Chapulín Colorado, nuestros muy admirados partidos de oposición a defraudarnos en las expectativas que tenemos de ellos coincidiendo con su querida masa “ávida de redención”.
Tampoco ignoran los partidos en cuestión que, en el remoto caso de que la nómina mayoritaria del PRM permita que ocurra la interpelación, esta se no pasaría de ahí, cuestión deducida de la mayoría calificada exigida para emitir voto de censura y recomendar la destitución de la funcionaria, al amparo de lo prescrito en el párrafo del artículo 95 de nuestra Constitución. Lo que nos conduce a la suprema, pero triste conclusión, de que los partidos de oposición, con su petición de interpelación, solo están dispensándonos una irreverente y desconsiderada “actuación” pletórica de populismo y demagogia que seguramente los disminuirá en la estima pública, porque los ciudadanos decentes estamos hartos del caos generado por los que producen escándalo y contaminación sónica.
Es más, a esta altura del debate, ya ni siquiera es discutible que la actitud de la oposición con la indicada pretensión ha provocado una reacción totalmente ajena a la perseguida, pues hasta muchos de sus propios correligionarios se han sentido -y lo han manifestado- expuestos al desamparo político por sus respectivas organizaciones. Porque es verdad que el papel de toda oposición política es observar, con sentido crítico, el desempeño del Gobierno. Pero tal sentido crítico se ve disminuido cuando se desatiende lo esencial para concentrarse en lo contingente; máxime, cuando ocuparse de lo contingente implica caer en el fango de las ruindades. El pueblo quiere paz, no se desacrediten coincidiendo con quienes la perturban.





