Opinión

Con Kerkoporta y jenízaros


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OTEANDO

Emerson Soriano

Una apreciadísima amiga comunicadora se quejó en su cuenta de X de que a uno de los nuevos bufones de la comunicación se le haya tomado tan en serio su papel sucedáneo del Ministerio Público —y de que él mismo también lo haya hecho— bajo los pretextos democráticos y constitucionales del derecho a la «libre expresión» y el deber de «velar por el fortalecimiento y la calidad de la democracia, el respeto del patrimonio público y el ejercicio transparente de la función pública».

Le contesté en términos poco consolatorios, pues hace tiempo advertí que —sin ánimo conspiranoico, claro, porque no hay prueba de que el statu quo haya sido definido por una estrategia específica elegida racionalmente para construirlo y, en lo personal, me inclino por la estructura de oportunidad política como causa— nuestro ecosistema político fabricó estos especímenes por mor de la indiferencia de gran parte de nuestro liderazgo. Este, habiéndose robado todo el dinero del erario, se robó también con esto las oportunidades de desarrollo humano por efecto de la exclusión de estos seres que hoy nos agobian con su dañosa estridencia.

Y es verdad: estos bufones no son los culpables de arroparnos con su vulgaridad y falta de profesionalismo en el ejercicio de aquello a lo que se dedican (contagiar y potenciar en los demás su ya alcanzado embrutecimiento). Al igual que el río en su crecida se abre cauces alternativos cuando encuentra obstáculos para avanzar, los marginados procuran vías de expresión que se manifiestan a través de paradigmas que, como no podría ser de otro modo, se corresponden con su particular contextualidad. De modo que, si los teóricos del pensamiento político posfundacional se quejan del déficit que acusa la democracia, que se den una vueltecita por la República Dominicana y contemplen el comportamiento de “lo político” -en su acepción contingente- en nuestro patio.

Respecto del fenómeno que denuncia mi amiga comunicadora, he afirmado que podría dar al traste con la base sociocultural de nuestra comunidad política. Es más —insisto en que manteniéndome alejado de toda suerte de teoría conspiranoica—, es posible que ya esa base esté presta a caer. Porque, habiendo dejado ya nuestra Kerkoporta abierta, quizá haya penetrado por ella uno que otro jenízaro, o jenízara que, subliminalmente y con aprendida inocencia -cuestión que comprendo, y hasta podría justificar si me pusiera en su lugar-, ande por ahí de altar en altar reivindicando lo peor de lo nuestro; brecha que aprovecharán nuestros insufribles para intentar socavar nuestro sistema de valores, y quién sabe si hasta para lograrlo.

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