Opinión

Menos ataduras, más libertad para comunicar


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Delvis Durán

Con el paso del tiempo, uno aprende que mientras menos ataduras personales tenga, mayor puede ser su libertad para expresarse. Tener muchos amigos, especialmente cuando ocupan posiciones de poder o tienen intereses en determinados temas, puede crear compromisos silenciosos: momentos en los que decir lo que realmente se piensa puede convertirse en un problema. Y es ahí donde la amistad puede terminar pesando más que el deber de comunicar.

Esto no significa vivir de espaldas a los demás ni convertir la comunicación en un espacio de confrontación permanente. Significa entender que la cercanía personal no debe estar por encima de la responsabilidad profesional. Un comunicador debe tener la libertad de reconocer los aciertos de un amigo, pero también de señalar sus errores; de respaldar lo correcto, aunque venga de alguien con quien no existe ninguna relación, y cuestionar lo incorrecto aunque provenga de alguien cercano.

A veces, tener menos amigos no significa tener menos afectos, sino tener menos compromisos que puedan condicionar la palabra. Porque cuando las relaciones personales comienzan a determinar lo que se puede decir, cuándo decirlo y a quién cuestionar, la libertad de expresión empieza a perder espacio. El comunicador necesita conservar la capacidad de decir “sí” cuando corresponde, pero también de decir “no” sin miedo a perder una amistad.

La verdadera independencia está en poder caminar sin deudas personales que obliguen a guardar silencio. Menos ataduras significan más libertad para opinar, cuestionar y comunicar con honestidad. Al final, quien ejerce la comunicación debe procurar que su voz no tenga dueño, porque una palabra condicionada por amistades, favores o compromisos deja de ser completamente libre.

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