Corea del Sur y Japón: un itinerario mágico en la primavera del sakura

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RESUMEN
Cada primavera, un fenómeno único transforma el paisaje en Asia: la floración del sakura, la emblemática flor del cerezo que simboliza renovación y belleza efímera en Japón y Corea. Durante unos días, templos, parques y ciudades se visten de rosa para regalar un espectáculo inolvidable. En este momento especial del año sale a escena un recorrido que une dos destinos fascinantes: Corea del Sur y Japón, donde tradición y modernidad se entrelazan para revelar lo mejor de ambos países.
Este viaje está cuidadosamente diseñado para que cada paso combine historia, espiritualidad, gastronomía, naturaleza y modernidad, con alojamientos de calidad, excursiones guiadas y experiencias profundamente memorables.
Corea: tradición viva bajo los cerezos
La primera etapa transcurre en Corea del Sur, donde la capital, Seúl, exhibe una fusión perfecta entre lo ancestral y lo contemporáneo. El recorrido comienza en el imponente Palacio Gyeongbokgung, con su arquitectura del siglo XIV, y continúa por barrios como Bukchon Hanok Village, una zona histórica repleta de hanoks, casas tradicionales de madera que aún conservan su estructura original. Más adelante, el contraste con zonas como Myeongdong, famosa por la moda y la gastronomía callejera, ilustra la dualidad de una ciudad donde lo nuevo y lo antiguo coexisten sin fricciones.
La primavera coreana se disfruta especialmente en lugares como Yeouiseo-ro, un extenso paseo de casi dos kilómetros con más de 1.800 cerezos Yoshino y decenas de miles de flores. También se visita la futurista Lotte World Tower, el edificio más alto del país, y el relajado Parque del Lago Seokchon, donde los reflejos rosados en el agua parecen multiplicar la floración.
Luego, el viaje avanza hacia Jeonju, considerada la cuna de la gastronomía coreana y famosa por su pintoresca aldea de casas tradicionales. Allí se pueden probar platos emblemáticos como el bibimbap —arroz mezclado con vegetales, carne y huevo— y vestirse con un hanbok, el traje típico coreano de vivos colores.
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En Gyeongju, antigua capital del reino Silla, la historia se respira en cada paso. Se recorren el Templo Bulguksa, la Gruta de Seokguram, el observatorio astronómico Cheomseongdae (el más antiguo de Asia) y los jardines del estanque Anapji, rodeado de pabellones y vegetación.
“Sentí una conexión con la historia coreana que no esperaba. Caminar entre templos y cerezos fue como viajar en el tiempo”, cuenta Javier M., médico y un entusiasta de la cultura asiática.
Finalmente, la costa de Busan sorprende con el Templo Haedong Yonggungsa, construido frente al mar sobre acantilados. La ciudad despliega además playas, aldeas artísticas como Gamcheon, mercados de pescado, teleféricos con vistas al océano y modernos centros comerciales. En primavera, el paisaje se transforma con la llegada del rosa pálido de los cerezos, que enmarcan tanto templos como senderos junto al mar.





