¿Cuál es el plan con la Calle del Sol?

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RESUMEN
Por: Jeffrey Infante
Las recientes declaraciones de la gobernadora Rosa Santos dejaron dos reflexiones que merecen la atención de todo Santiago. La primera: que después de las seis de la tarde la Calle del Sol se convierte en un “elefante blanco”. En realidad, es probable que la frase fuera fruto de la improvisación, pues un elefante blanco es una propiedad u obra cuyo costo de mantenimiento supera por mucho su utilidad real. No ha sido el caso de esta vía histórica, que ha resistido crisis, renovado su oferta comercial y mantenido su valor como símbolo vivo de la Ciudad Corazón.
Lo que sí mueve a reflexión es el fondo de su idea: al caer la tarde, la actividad comercial y urbana en la vía prácticamente desaparece.
La segunda afirmación de la funcionaria plantea que, para continuar con el soterramiento del cableado y la ampliación de las aceras, se necesitará un nuevo diagnóstico, otra logística y una metodología de trabajo distinta. Cabe preguntarse: si a mitad de camino es necesario replantear aspectos tan elementales, ¿no era eso, precisamente, lo que debía estar resuelto antes de dar el primer picazo?
Más allá de la coyuntura, las palabras de la gobernadora abren un debate de fondo aún más urgente: ¿qué pasará con la Calle del Sol el día después de su inauguración?
Durante meses el foco ha estado en los retrasos, las molestias a comerciantes y peatones, y las pérdidas en las ventas. Sin embargo, casi nadie se pregunta cómo funcionará la arteria cuando concluyan los trabajos. Una vía no deja de ser desolada simplemente por estrenar aceras, mobiliario urbano o pavimento. La infraestructura, por sí sola, no transforma la dinámica de una urbe.
La verdadera metamorfosis urbana comienza cuando existe un plan integral para que el espacio sea seguro, accesible, atractivo y económicamente activo durante todo el día. Las ciudades que han recuperado con éxito sus centros históricos comprendieron que la obra física es solo el primer paso; el cambio real llega cuando la inversión se acompaña de una estrategia de gestión.
Eso implica garantizar seguridad permanente, crear una red de parqueos municipales, implementar parquímetros inteligentes, devolver las aceras al peatón, normar la carga y descarga de mercancías, mantener la iluminación y limpieza, y generar condiciones reales para el dinamismo comercial. Recuperar el centro histórico no es remozar una calle: es devolverle la vida.
Hoy conocemos el proyecto de construcción, pero seguimos a oscuras sobre el proyecto de funcionamiento. ¿Existe un plan para atraer restaurantes, cafeterías y oferta cultural nocturna? ¿Quién gestionará el espacio? ¿Qué institución velará porque este modelo sea sostenible a cinco o diez años?
- Estas interrogantes son tan cruciales como la obra misma. Una calle no revive porque se le cambie el adoquín; revive cuando la gente encuentra razones para volver a caminarla.
Quizá sea el momento de articular un verdadero Plan Maestro para la Recuperación del Centro Histórico de Santiago, donde la obra civil sea solo el catalizador de una visión amplia que integre movilidad, parqueos, cultura, comercio, turismo y una gobernanza urbana continua.
La Calle del Sol puede convertirse en el motor de la revitalización de nuestro centro, o quedar como una simple mejora de infraestructura que dejó intactos los problemas estructurales de la zona. La diferencia no la marcará el hormigón, sino el plan que exista para el día después del corte de cinta.
Las grandes ciudades no se construyen tramo a tramo: se edifican con visión de futuro. Y ese es, en el fondo, el gran desafío que hoy encara Santiago.





