Cuando el cálculo eclipsa la democracia: la promulgación del nuevo Código Penal como jugada política

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RESUMEN
Por José Alberto Blanco
El arte de gobernar también implica saber mover fichas con precisión, y el presidente Luis Abinader lo ha demostrado una vez más: este domingo, mientras la Fuerza del Pueblo celebraba su Congreso Elector “Doctor Manolo Tavárez Justo”, el mandatario aprovechó el foco político y mediático para promulgar el nuevo Código Penal de la República Dominicana. No fue un acto casual, sino una decisión marcada por la oportunidad y el cálculo político, que ha dejado a más de uno cuestionando no solo el contenido de la reforma, sino también la forma y el momento en que se ha oficializado.
La nueva norma introduce más de noventa tipos penales y actualiza el sistema punitivo con sanciones más severas, responsabilidad jurídica para empresas y herramientas como registros de agresores sexuales. Sin embargo, su aprobación ha estado rodeada de profundas controversias. Organizaciones sociales, gremios jurídicos y colectivos feministas han alzado la voz ante lo que consideran una legislación regresiva, que excluye causales para el aborto, privilegia el castigo por encima de la prevención y fue aprobada sin el debate público que una reforma de tal magnitud merece.
Más allá de los méritos técnicos, lo que ha generado inquietud es la manera en que se ha producido esta promulgación: en un día dominado por la oposición, cuando el pueblo estaba distraído, expectante y enfocado en otro escenario político. ¿Es esto gobernabilidad o una muestra de malicia política? ¿Democracia estratégica o aprovechamiento institucional?
Quienes defienden la medida señalan la urgencia de modernizar el sistema penal; quienes la critican ven en esta maniobra una táctica para evadir el escrutinio inmediato, restarle protagonismo al Congreso de la Fuerza del Pueblo y blindar la imagen presidencial como garante de orden, aunque sea a costa del consenso democrático.
En el tablero político dominicano, las jugadas simbólicas pesan tanto como las reformas legales. Y Abinader, hábil en su oficio, ha demostrado que sabe cuándo moverse, cómo posicionarse y —sobre todo— cómo capitalizar el silencio cuando el ruido está en otra parte.





