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En Santiago hay señales claras de tensión interna dentro del PRM:


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En Santiago hay señales claras de tensión interna dentro del PRM: por un lado, discursos públicos que llaman a la unidad y la institucionalidad; por otro, rivalidades y distanciamientos entre líderes locales que complican la coordinación electoral y de gobierno. Estas diferencias no son sólo personales sino también estratégicas: compiten visiones sobre liderazgo territorial, control de estructuras partidarias y prioridades de gestión.

Orígenes y naturaleza de las diferencias

  1. Competencia por el liderazgo territorial y el control de candidaturas.
    Ulises Rodríguez —como alcalde y figura con visibilidad nacional— ha consolidado una base de apoyo que lo posiciona como una opción natural en varias contiendas locales. Esa centralidad genera recelos en otros dirigentes que aspiran a protagonismo en la provincia. La proclamación y las campañas de Ulises han aumentado la percepción de que existe una “candidatura natural” que puede marginar a otros liderazgos.

  2. Rol institucional vs. rol partidario.
    Rosa Santos, en su papel de gobernadora y presidenta provincial del PRM, enfatiza la disciplina institucional y acentúa la necesidad de cohesión pública frente a la ciudadanía; su perfil está alineado con la comunicación y la representación oficial del Gobierno en la provincia. Esa posición la pone a menudo en la vereda de la “gestión” más que en la de la competencia abierta por candidaturas.

  3. Liderazgo orgánico y base militante.
    Andrés Cueto aparece como dirigente orgánico con reconocimiento dentro de estructuras municipales y zonales del PRM; su enfoque suele ser la consolidación de la base partidaria y el manejo interno de las direcciones municipales. En contextos donde hay aspiraciones personales (municipales, senadurías), la movilización de la base que encabezan figuras como Cueto se vuelve un factor decisivo y, a veces, fuente de fricción.

Efectos sobre la unidad del partido en Santiago

  • Pérdida de coherencia en mensajes públicos. Cuando dirigentes evitan coincidir o emiten señales contradictorias, el electorado percibe desorden y eso erosiona la narrativa de gobernabilidad del partido. Esto puede favorecer a la oposición o crear apáticos entre los votantes.

  • Tensiones en la selección de candidaturas para 2028. Las aspiraciones personales mal gestionadas pueden transformar la competencia interna en fractura, especialmente si los procesos de primarias o acuerdos no son percibidos como transparentes. Voces partidarias han advertido sobre el riesgo de fragmentación si no se actúa con responsabilidad.

  • Riesgo organizativo local. La coexistencia de un alcalde con gran visibilidad, una gobernadora que representa la institucionalidad y un presidente municipal del partido con redes propias puede provocar choques por recursos, obras y comunicación si no hay mecanismos claros de coordinación.

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