La Circunvalación de Azua: una obra costosa, limitada y lejos de las expectativas del Sur

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RESUMEN
Por: Giovanni Matos.
La Circunvalación de Azua fue presentada como una de las grandes obras del desarrollo vial del Sur dominicano. Se habló de modernidad, de transformación regional y de una supuesta deuda histórica saldada con las provincias sureñas. Sin embargo, con el paso del tiempo, la realidad parece muy distinta al discurso oficial.
Hoy, muchos ciudadanos se preguntan si realmente esta obra estuvo a la altura de la enorme inversión económica realizada por el Estado dominicano.
La primera gran crítica es evidente: una circunvalación concebida para conectar el Sur profundo, impulsar el turismo hacia Pedernales y descongestionar el tránsito regional, jamás debió construirse con apenas dos carriles. Una obra de esa magnitud, al igual que la Circunvalación de Baní, debió levantarse con cuatro carriles desde el inicio, pensando en el crecimiento futuro del tránsito y en el verdadero desarrollo estratégico de la región.
Resulta contradictorio que el Gobierno hablara de un “gran circuito vial del Sur” mientras entregaba infraestructuras limitadas, con capacidad reducida y con posibilidades de saturación a corto plazo. El Sur no necesita soluciones temporales; necesita obras modernas y visionarias.
El propio Gobierno reconoció que la Circunvalación de Azua superó los RD$5,000 millones de pesos de inversión y que la obra tuvo que ser rescatada mediante financiamiento especial luego de años de retrasos y aumentos presupuestarios.
Sin embargo, sectores técnicos y políticos han denunciado posibles irregularidades en el manejo de esos recursos. El ingeniero Mariano Germán, de la Fuerza del Pueblo, afirmó que la obra habría presentado una presunta sobrevaluación superior a RD$3,330 millones, señalando además deficiencias en drenajes, taludes, cabezales y terminaciones generales.
Más grave aún resulta que una obra inaugurada oficialmente continuara mostrando áreas inconclusas y estaciones de peaje improvisadas en furgones, según denuncias públicas realizadas meses después de su apertura.
El país merece respuestas claras.
Porque cuando una carretera de apenas 13 kilómetros termina costando miles de millones de pesos, y además se construye limitada a dos carriles, las dudas son inevitables. La sociedad dominicana tiene derecho a saber si cada peso invertido fue realmente utilizado en beneficio del pueblo.
No se trata únicamente de oposición política ni de debates partidarios. Se trata de planificación estatal, transparencia y visión de futuro.
La Circunvalación de Azua y la de Baní debieron convertirse en verdaderos corredores modernos de cuatro carriles capaces de soportar el crecimiento económico, turístico y comercial del Sur durante las próximas décadas. En cambio, parecen obras concebidas con una visión reducida y de corto plazo.
El Sur merece más que inauguraciones y discursos. Merece infraestructuras construidas con calidad, transparencia y capacidad suficiente para responder a las necesidades reales de la región.
Porque cuando se invierten tantos recursos públicos y las expectativas terminan siendo menores que las promesas, lo mínimo que corresponde es investigar, fiscalizar y rendir cuentas al país


