Opinión

Migración haitiana


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Luciano Filpo

El sociólogo Wilfredo Lozano ha trabajado en diferentes áreas de la economía dominicana el impacto de la mano de obra haitiana en la producción agrícola y ahora en otras esferas de la productivas de la sociedad. En el cultivo y cosecha de la caña de azúcar, en la recogida de café en las últimas décadas y en la construcción. Durante mucho tiempo existía algún nivel de contratación y regulación de una mano de obra que tenía un carácter temporal e irregular, generando un proceso de proletarización y pauperización de esa franja migratoria. En las últimas décadas colapsa la industria azucarera estatal y la mano de obra de origen haitiano se desplaza hacia otras actividades productivas como la construcción, agricultura alimentaria, servicios domésticos y actividades diversas.

La migración haitiana viene con un fallo de origen, son indocumentados ya que, en su país por limitaciones institucionales, muchos ciudadanos son muertos civiles o no existen en un registro civil que pueda aportar datos demográficos. La irregularidad de este flujo migratorio ha ido dejando un pasivo migratorio en Rep. Dom. con ciudadanos indocumentados que se han orillado en algún lugar, han creado familias y traspasan su condición jurídica a la prole. En el plano jurídico se plantea que una condición contra las normativas legales no puede generar derechos, pero cuando se trata de personas se apela a la dignidad humana y algunas condiciones indispensables para mantener tal condición: acceso a la salud, educación, recreación. Diferentes convenciones internacionales protegen a los migrantes y les atribuyen la condición vulnerable. La declaración de los derechos del niño, el sistema interamericano de los derechos humanos, el protocolo del ACNUR por citar algunos.

En los últimos 40 años los diferentes gobiernos que ha tenido el país solo usaron el tema migratorio haitiano para hacer campaña, nunca encararon la problemática, se oprimía un resorte ante una campaña de opinión ultranacionalista y antihaitiana. Desde 1990 con la llegada de J. B. Arístides se empezó un proceso de degradación paulatina de la sociedad haitiana, lo que fortaleció el flujo continuo de indocumentados desde Haití hacia Rep. Dom. El Dr. Balaguer se negó a establecer un campo de refugiados haitianos en 1994, en el país, pero no detuvo el éxodo de indocumentados desde el occidente al oriente de la isla.

La migración de indocumentados se ha convertido en un negocio transfronterizo con ciudadanos para mano de obra, mujeres embarazadas haitianas para dar a luz aquí. En el trasiego migratorio han participado militares y civiles que han creado redes sociales y rutas para mantener el continuo flujo migratorio. Empresas de la construcción se favorecen de la abundancia del trabajador haitiano, lo propio ocurre con los empresarios agrícolas y la contratación de indocumentados para la cosecha de arroz, banano, cacao, café, tabaco y otros rubros del campo. En términos culturales ha habido una ruptura entre el dominicano y la producción del país. El dominicano se resiste a trabajar en las mismas actividades que los ciudadanos haitianos, hay una etnicidad, una situación de animadversión a compartir roles con el migrante haitiano, salvo en condiciones de extrema pobreza. El trabajador haitiano está en una situación jurídica de subregistro, no cotiza a la seguridad social, no paga el impuesto sobre la renta, pero recurre al sistema educativo y sanitario para sus vástagos, esto incrementa la presión en los servicios públicos.

El presente gobierno ha intentado desde el principio encarar el drama migratorio haitiano, ha empezado a construir un muro fronterizo, aunque no ha logrado detener el flujo persistente de indocumentados. El terremoto de 2021, y el asesinato del presidente Jovenel Moise, más el incremento de la violencia generada por las pandillas armadas ha forzado el desplazamiento continuo hacia la Rep. Dom. El Estado dominicano es el garante de su política migratoria y dentro de esa lógica el presidente Luis Abinader dispuso el pasado domingo una serie de medidas para enfrentar el éxodo de indocumentados, entre las disposiciones se habla de sancionar, pero no se aborda la posibilidad de regularizar el trabajador extranjero en los diferentes nichos de trabajo donde este labora. Es una verdad de Perogrullo que sin mano de obra haitiana la construcción y la agropecuaria se irán a pique, el dominicano no hace estas labores. La soberanía alimentaria se tambalearía si se prescinde del obrero haitiano. Por otro lado, este gobierno es sensible a la presión mediática y la propuesta gubernamental obedece a la propaganda montada en las redes tras la marcha al hoyo de Friusa o pequeño Haití.

El autor es Dr. en Educación.

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