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Policías de Río Grande, en Altamira, prestan servicio en vivienda deteriorada usada como cuartel


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Puerto Plata. – En condiciones deplorables y sin condiciones mínimas de dignidad, dos agentes de la Policía Nacional prestan servicio en una vivienda alquilada que desde hace casi 50 años funciona como cuartel policial en el distrito municipal Río Grande, del municipio de Altamira.

La casa, construida con tablas de palma y techo de zinc, fue habilitada de forma provisional hace décadas, pero nunca se ha levantado una edificación formal. En su interior, los agentes se turnan cada dos días para cumplir el servicio, pese al avanzado deterioro del lugar.

Deterioro extremo

El techo presenta múltiples orificios por donde se filtra el agua, lo que obliga a los policías a mover la cama para evitar mojarse cuando llueve. Las paredes de madera muestran grietas y desgaste, mientras que el baño improvisado carece de condiciones higiénicas.

Los moradores denunciaron que la estructura no permite mantener detenidos ni garantizar la seguridad, por lo que, ante cualquier riña o incidente, el agente de turno debe solicitar apoyo al destacamento de Altamira.

“Tengo más de cincuenta años viviendo aquí y siempre he visto este cuartel en las mismas condiciones, sin que ninguna autoridad se preocupe por construir uno digno”, declaró la residente Digna Martínez.

Comunidad solidaria y promesas incumplidas

Ante las precarias condiciones, la familia Martínez asiste en ocasiones a los agentes, proporcionándoles comida o agua durante sus turnos.

Otro comunitario, Evaristo Martínez, recordó que en una ocasión el Ministerio de Interior y Policía anunció la adquisición de un terreno para construir un nuevo cuartel, pero el proyecto nunca se concretó.

“No es solo hablar de reforma policial. Los agentes necesitan servir desde un local digno, no desde esta ratonera que no está en condiciones para nadie”, expresó.

Otras dotaciones en igual abandono

Situaciones similares se presentan en Los Quemados, punto que conecta a Monción, Sabaneta (Santiago Rodríguez) y Mao (Valverde), donde el destacamento —también de madera y zinc— funciona con apenas tres agentes.

“Cuando llueve, las camas donde duermen terminan mojadas y deben refugiarse en otro espacio”, relataron los comunitarios.

En tanto, en Mata del Jobo, Santiago Rodríguez, el local policial que funcionó durante años se encuentra prácticamente en ruinas, reflejando el abandono generalizado de las dotaciones rurales de la Policía Nacional.

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