¿Quiénes somos como Dominicanos?

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RESUMEN
Wilson Collado
Una reflexión sobre nuestra historia, nuestra identidad y nuestro futuro
¿Por qué somos así? ¿Podremos cambiar alguna vez? ¿Podremos creer verdaderamente en nosotros mismos? ¿Dónde quedaron nuestros héroes? ¿Dónde quedaron aquellos sueños de construir una República Dominicana más justa, más digna y con mayores oportunidades para todos? Y, sobre todo:
¿quiénes somos realmente como pueblo?
Estas preguntas no son solamente políticas. Son preguntas sobre nuestra identidad, nuestra memoria y nuestro futuro.
La República Dominicana tiene una historia extraordinaria. Es una historia de luchas, sacrificios, dictaduras, revoluciones, intervenciones, crisis económicas, divisiones políticas y también de grandes conquistas. Hemos tenido hombres y mujeres que entregaron su vida por la libertad, por la soberanía y por la dignidad nacional.
Pero quizás hemos cometido un error: muchas veces convertimos a nuestros héroes en estatuas y dejamos de escuchar el mensaje que sus vidas todavía tienen para nosotros.
Juan Pablo Duarte no soñó solamente con fundar una República; soñó con una nación libre y organizada.
Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella no arriesgaron sus vidas para que nosotros simplemente recordáramos sus nombres; lucharon porque creían que era posible construir un país diferente.
Y después vinieron otros dominicanos que también dejaron huellas profundas: Gregorio Luperón, Eugenio
María de Hostos, Salomé Ureña, María Trinidad Sánchez, las hermanas Mirabal, Manolo Tavárez Justo, Francisco Alberto Caamaño y tantos hombres y mujeres anónimos que también aportaron sacrificios a nuestra historia.
Pero entonces surge una pregunta incómoda:
¿Qué hemos hecho nosotros con el país que ellos soñaron?
Hemos avanzado, sin duda. La República Dominicana de hoy no es la misma de hace cincuenta, cien o doscientos años. Hemos construido carreteras, escuelas, universidades, hospitales, empresas, instituciones y una economía mucho más dinámica.
Pero todavía tenemos grandes problemas que nos obligan a preguntarnos si estamos avanzando al ritmo que merecemos.
La desigualdad, la inseguridad, la falta de oportunidades para muchos jóvenes, las deficiencias de algunos servicios públicos, la corrupción, el clientelismo político y la pérdida de confianza en las instituciones continúan siendo desafíos que no podemos ignorar.
Y aquí aparece otra pregunta:
¿El problema somos solamente nuestros gobernantes o también nosotros como sociedad?
Es fácil señalar al político, al funcionario, al partido o al gobierno de turno. Pero una nación no cambia únicamente cambiando gobernantes. Cambia cuando cambia también la conciencia de sus ciudadanos.
Necesitamos recuperar algo que quizás hemos ido perdiendo: la confianza en nosotros mismos.
Tenemos talento. Tenemos trabajadores incansables. Tenemos jóvenes con capacidad. Tenemos profesionales preparados, empresarios, agricultores, maestros, médicos, ingenieros, artistas y hombres y mujeres que todos los días levantan este país con su esfuerzo.
Entonces, ¿por qué tantas veces pensamos que lo mejor siempre está afuera?
¿Por qué un dominicano puede creer en sí mismo cuando emigra, pero muchas veces no cree que puede triunfar en su propia tierra?
Tal vez nuestro gran desafío no sea solamente económico o político. Tal vez sea también un desafío de autoestima nacional.
Debemos aprender a mirar nuestra historia sin complejos. No para ocultar nuestros errores, pero tampoco para vivir permanentemente culpándonos por ellos.
Un pueblo que conoce su historia puede entender su presente y construir mejor su futuro.
Nuestros héroes no fueron perfectos. Fueron seres humanos. Tuvieron dudas, enfrentaron derrotas, cometieron errores y tuvieron que tomar decisiones difíciles. Precisamente por eso sus vidas tienen valor: porque nos enseñan que el patriotismo no consiste en ser perfecto, sino en estar dispuesto a luchar por algo que consideramos más grande que nosotros mismos.
Y quizá ahí esté la gran enseñanza.
No necesitamos solamente nuevos héroes. Necesitamos nuevos ciudadanos.
Ciudadanos que cumplan la ley aunque nadie los esté mirando. Ciudadanos que rechacen la corrupción aunque tengan la oportunidad de beneficiarse. Ciudadanos que voten pensando en el futuro y no solamente en una dádiva momentánea. Ciudadanos que exijan sus derechos, pero que también cumplan con sus responsabilidades.
Ciudadanos que entiendan que la patria no comienza en el Palacio Nacional, ni termina en el Congreso, ni pertenece exclusivamente a los partidos políticos.
La patria comienza en nosotros.
Comienza en la familia, en la escuela, en el barrio, en la comunidad, en el trabajo y en la manera en que tratamos al prójimo.
Por eso debemos volver a preguntarnos: ¿Dónde están nuestros sueños?
Quizás no desaparecieron. Quizás simplemente están esperando que una nueva generación vuelva a creer que vale la pena luchar por ellos.
La República Dominicana todavía tiene un enorme futuro por delante. Pero ese futuro no llegará por casualidad. Será construido por las decisiones que tomemos hoy.
Tenemos que dejar de pensar solamente en las próximas elecciones y comenzar a pensar también en las próximas generaciones.
Porque la verdadera pregunta no es únicamente: ¿Qué país tenemos? La pregunta más importante es:
¿Qué país queremos dejar?
Quizás esa sea nuestra verdadera responsabilidad histórica.
No podemos cambiar el pasado. No podemos borrar nuestras crisis, nuestras divisiones ni nuestros errores. Pero sí podemos decidir qué hacemos con esa memoria.
Podemos convertirla en resentimiento o en enseñanza. Podemos repetirla o aprender de ella. Podemos resignarnos o volver a soñar.
Y al final, después de tantos años de historia, volvemos inevitablemente a la pregunta inicial:
¿Quiénes somos realmente?
Somos un pueblo que ha sufrido, pero también ha resistido. Somos un pueblo que ha cometido errores, pero también ha sabido levantarse. Somos un pueblo que muchas veces ha perdido la esperanza, pero que una y otra vez ha encontrado razones para volver a creer.
Quizás todavía no hemos terminado de responder quiénes somos. Quizás esa respuesta la estamos escribiendo todos los días.
Y la historia todavía está esperando el próximo capítulo.
Lic. Wilson Collado





