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Transporte universitario: una inversión que abre caminos


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La entrega de 40 nuevos autobuses para el transporte de estudiantes universitarios constituye una decisión de alto valor social que merece ser reconocida, no tanto por el monto de la inversión, sino por el impacto directo que puede produ­cir en la vida de miles de jóvenes. Con estas unidades, el Gobierno eleva a 90 la flota entregada durante la actual gestión y reafirma que facilitar el acceso a la educación superior exige atender también las condiciones materiales que permiten llegar hasta las aulas.

En un país donde muchos estudiantes residen en municipios alejados de los princi­pales centros universitarios, el costo y la dificultad del transporte pueden convertirse en obstáculos reales para iniciar o concluir una carrera. Un autobús que conecte comu­nidades con universidades representa, por tanto, mucho más que un medio de traslado: puede significar la diferencia entre continuar los estudios o abandonarlos por razones económicas.

Es acertado que el Gobierno vincule esta política con la expansión territorial de la educación superior, mediante ciudades universitarias y extensiones de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. No basta con crear oportunidades académicas si una parte de los potenciales beneficiarios carece de condiciones para aprovecharlas.

La movilidad estudiantil debe formar parte de una política integral de acceso y permanencia. Especial atención merece el programa de Transporte Universitario Ruta de Nuevas Oportunidades (Turno), anunciado por el Ministerio de la Juventud. Organizar y geolocalizar las asociaciones, establecer rutas según las necesidades de cada comunidad y procurar que los autobuses sean utilizados eficientemente son pasos necesarios para evitar que una buena iniciativa termine limitada por falta de planificación.

También resulta fundamental el compro­miso con los seguros, conductores y mante­nimiento. La experiencia demuestra que entregar vehículos es apenas el comienzo. La verdadera prueba estará en garantizar que las unidades permanezcan operativas, seguras y disponibles durante años. Cada autobús detenido por falta de mantenimiento representa una oportunidad educativa que se pierde.

La política pública debe medirse, finalmente, por sus resultados. Si estos vehículos reducen gastos familiares, mejoran la asistencia y disminuyen la deserción universitaria, la inversión habrá cumplido una función que trasciende cualquier cifra presu­puestaria.

En momentos en que el país necesita formar más profesionales y ampliar la movilidad social, facilitar el camino hacia la universidad es una obligación de Estado. Las becas abren puertas; la infraestructura crea espacios; el transporte permite llegar. Que las 90 unidades entregadas se conviertan, con buena administración y supervisión, en 90 caminos concretos hacia un futuro mejor para la juventud dominicana.

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