Opinión

Un relato a los 39 días de la confrontación


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Aquiles Olivo Morel

Recientemente el CONEP efectuó un encuentro para alcanzar un determinado acuerdo con todos los sectores productivos de la vida nacional, visualizar las articulaciones necesarias para poder conducir el país, en un momento que ocurren hechos que van a alterar la estabilidad de la economía. La situación de la guerra obliga a quienes tienen algún rol en la situación económica del país a alinearse, considerar cuáles aspectos son necesa­rios observar para impedir que se produz­can situaciones nocivas para la sociedad. El presidente ha dicho que ha identificado varios renglones económicos para destinarlos a aquellas familias vulnerables, las más susceptibles de ser impactadas por estos sucesos.

Nadie cree en lo absoluto que la guerra acabe en pocos días. Por el contra­rio, la mayoría de los países se preparan para un conflicto de largo alcan­ce. En estos 39 días de confrontaciones todos aquellos ligados a una ­actividad comercial realizan ajustes orien­tados a no sucumbir a esta realidad. Históricamente la República Dominicana ha sido dependiente del petróleo, compra los insumos agrícolas y en defi­nitiva, la economía del país esta entrelazada con todos los acontecimientos globales. La ocurrencia de cualquier acontecimiento relacionado con la economía, por lejano que aparente, siempre va a afectar nuestra nación.

En estas circunstancias se trata de una situación que requiere ser observable día a día y hora a hora, porque se trata de un enfrentamiento que incide sobre los ­precios del crudo, del cual dependemos para casi la totalidad de las actividades del país.

Bien hacen las organizaciones empre­sariales en comunicar sus preocupaciones; bien hace el ejecutivo en presen­tar propuestas a todos los sectores; en lo adelante deberá emprenderse una cruzada de concienciación para salir a paso a este tipo de situaciones. Casi todos los países, principalmente los EE. UU. un protagonista involucrado en este ­escenario, están sintiendo los efectos de los cambios de precios diarios en los carbu­rantes. Nadie ignora como estos precios son transversales para toda la vida: Los costos de los productos; los ­intercambios con las empresas; los ­precios de los productos de consumo ­diario, en fin, toda la cadena se producción se ve alterada para determinar los costos de producción.

La verdad se altera de inmediato: Las informaciones que salen de la guerra no se pueden validar, aquello del “plan de paz”, está por verse. Así se abra o no, el estrecho de Ormuz y la importancia ­geográfica que tiene no podrá desaparecer de las discusiones orientadas a conse­guir algún tipo de tranquilidad. La creación de un protocolo para administrar este incidente geográfico que conec­ta la riqueza del país persa con el exterior se coloca como punto de partida para emprender cualquier tipo de acuerdo. Los diferentes análisis apuntan a que se trata del cierre de una época: Una especie de redefinición geopolítica en la que las potencias hegemónicas, tratan de alcanzar las fuentes energéticas ante el fracaso de las energías alternativas; por otro lado, los que se inscriben en el multilatera­lismo se afianzan para buscar la manera de conducir un mundo con igual o mane­ras distintas de arbitrar el comercio global.

Este “nuevo orden” va a requerir ­actuar en un nuevo contexto: El agota­miento del dólar como moneda de intercambio comercial ¿Llegará a final?; los bancos de financiación serán redimensionados; el sistema SWIT para intercambiar en el sistema bancario se reducirá y no desempeñará el rol pronosticado; las reglas de juego de los bloques comerciales cambiaran; el dinero tendrá nuevos caminos que recorrer y la geopolítica tendrá un valor extraordinario en días por venir.  Nuevos centros comerciales surgirán como contrapeso al papel hegemónico de los EE. UU. y por eso la reacción de un coloso que dirigió la más importantes de las transiciones. Si estas guerras se consideran el fruto de una transición como se dicen, será preci­so esperar nuevas confrontaciones y el país tendrá en lo adelante que desarrollar sus capacidades para poder prevalecer. Europa, el viejo continente, recibirá como lección el haber consumado la ruptura con su antiguo protector, con la encomienda de qué camino asumirá en lo adelante.

Estos 39 días evidencian o confirman que no habrá otra oportunidad como la actual para saber que en los momentos finales la armonía entre los bloques económicos o comerciales y que debe­rán decidir el lado a elegir para operar en ese “nuevo orden”, donde la sobrevivencia se impone como estrategia elemental. Donald Trump organiza el tablero o acoteja la geografía y quienes no compren­dan su rol en estos sorpresivos acotejos caerán víctimas de los aranceles o los constreñimientos económicos puestos en marcha para agilizar esta nueva realidad.

 

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