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Decisión trascendental


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En la jornada de ayer la Asamblea Nacional Revisora terminó de aprobar la reforma a la Constitución que elevara el presidente Abinader al Congreso Nacional.

Vale destacar que entre las modificaciones aprobadas por la Asamblea Revisora está la consolidación de la regla para la elección presidencial que establece “dos posibles períodos y nunca más”. Esa fórmula para cuya permanencia se aprobaron los “candados” que dificultan su modificación hasta lo imposible, encierra varias lecciones de alto valor político.

Primero, crea las condiciones normativas y políticas para ponerle fin a la vieja tradición que ha estado vigente de la reelección continuista, mediante la cual los gobernantes siempre estuvieron tentados por el continuismo en el poder, patrón cultural que tanto daño le ha hecho al país y a su demo­cracia.

Segundo, se crea la condición material que, al impedir la reelección continua, debilita la tendencia al autoritarismo negador de los valores y principios de la institucionalidad democrática. Esa tendencia a su vez ha alimentado la cultura que justifica los regímenes políticos autoritarios y tiránicos, negadores de la libertad y la democracia.

Y tercero, impedir la reelección continua de los gobernantes es una condición que obligará a los políticos a orientarse por otro tipo de liderazgo más apegado a los fundamentos de un Estado democrático moderno, caracterizado por la separación de los poderes y la alternancia en el poder, lo cual condiciona la existencia de un liderazgo racional y guiado por la necesidad de la eficiencia y la legitimidad democrática, fundamentado en la Ley, expresión del consenso y estimulador de la tolerancia y la transparencia.

De esa manera se fortalece la institucionalidad democrática, a través de la cual se habrán de conducir las políticas para el crecimiento y desarrollo de la economía, al tiempo de promover una conducta ciudadana ordenada y respetuosa del marco legal.

Impedir constitucionalmente que los próximos gobernantes se sujeten a la regla para la elección presidencial de “dos períodos y nunca más”, es pues un trascendental paso para que el país no solo fortalezca su institucionalidad democrática, sino también para ponerle fin al modelo de liderazgo caudillista basado en la “dominación personal”, el cual se había prolongado hasta ahora cuando Abinader rompe la vieja tradición de los caudillos y le pone un pare a la reelección perpetua.

Le tocará, pues, a Luis Abinader el honor de exhibir sus fuertes convicciones democráticas, además de su honestidad personal en el ejercicio de sus funciones.

Los demócratas de esta nación ­deberán apoyar y reconocer el legado ­institucional de Luis Abinader. 

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