Editoriales

El ruido digital en las aulas


Escuchando artículo…

0:00 / 0:00


En esta era de hiperconectividad, millones de personas, desde ejecutivos hasta niños de primaria, subordinan gran parte de su vida cotidiana a las facilidades que brindan las herramientas tecnológicas.

Lo que comenzó como una promesa de libertad y acceso al conocimiento, hoy revela su faceta más compleja: la de una dependencia que moldea nuestra manera de pensar, relacionarnos y, crucialmente, de aprender.

No es de extrañar, entonces, que dentro de esa vasta gama de usuarios figuren los más jóvenes.

Para niños y adolescentes, las pantallas son la ventana al entretenimiento y la socialización, pero también el instrumento principal para realizar tareas escolares.

Este uso intensivo, sin embargo, ha dado paso a un preocupante fenómeno de adicción que siembra dudas legítimas sobre nuestra real capacidad para concentrarnos, aprender con profundidad y retener el conocimiento.

La alarma social es global. En varios países, se ha prohibido o se está en vías de hacerlo el acceso de menores de 16 años a las redes sociales, así como el uso de dispositivos en escuelas de nivel básico.

El objetivo común es rescatar el espacio para la escritura manual, la lectura en papel y, en esencia, para una educación que no compita con el estímulo constante y fragmentado de las notificaciones.

En nuestro país esta preocupación universal comienza a encontrar eco.

El reciente anuncio del Ministerio de Educación de limitar el uso de celulares en las aulas del nivel básico es un primer paso en la dirección correcta.

La razón fundamental es tan obvia como necesaria: evitar la distracción crónica y cualquier uso inapropiado de los teléfonos durante el proceso de enseñanza-aprendizaje.

La Asociación Dominicana de Profesores ha respaldado la iniciativa, con la condición de que se mantenga fiel a su objetivo esencial de mejorar la calidad educativa.

Estamos, sin duda, ante una medida saludable en muchos sentidos.

Es un acto de equilibrio que busca aprovechar la docencia con plenitud, reconociendo que el aula debe ser un santuario del pensamiento, no una extensión del ruido digital.

Publicaciones relacionadas

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba