Opinión

Frente a una tragedia nacional


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  • Rafael A. Escotto

Tenía pautado publicar un trabajo dedicado a festejar los ochenta y nueve años de vida del escritor peruano y Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, pero ocurrió la desoladora desgracia de la discoteca Jet Set, en la que murieron cientos de dominicanos y otros se encuentran gravemente heridos, lo que ha significado que la nación se encuentre inmersa en una tristeza y duelo por la pérdida de tantos seres humanos.

Siempre duele perder a un ser querido, una esposa, un hijo, un atleta, un artista o un amigo. Frente a este hecho tan aterrador se me ocurre traer a Salomón cuando escribió en Eclesiastés 12:7 «Entonces el polvo volverá a la tierra, de donde fue tomado, y el espíritu volverá a Dios, que lo dio».

Una de las formas que solemos reaccionar los humanos ante la muerte es pasando por un tiempo de luto. La Biblia nos habla sobre el período de luto y nos advierte que es un proceso que debe ser respetado.

Hay un verso que quizás esté en labios de los familiares de las personas fallecidas, sobre todo en los del exsenador por la provincia de Santiago y actual ministro de Obras Públicas, ingeniero Eduardo Estrella, frente a la muerte de su hijo y la esposa de éste:

En cada pétalo caído

resuenan tus risas y abrazos.

En cada soplo de viento

vive la esencia de tus pasos.

Otros deudos podrían estar, desde que conocieron sobre la catástrofe del derrumbe del edificio del icónico Jet Set en Santo Domingo, llorando de tristeza a sus difuntos. Para ellos este verso les ayudará a canalizar sus emociones más profundas y le ofrecen un espacio de sanación:

En el silencio de la noche

tu ausencia grita a mis oídos.

Las lágrimas inundan mis mejillas,

mientras tus sueños 

se desvanecen en suspiros.

Todo el pueblo dominicano, incluyendo su presidente Luis Abinader Corona, deplora amargamente los fallecidos y se me ocurre pensar en este poema que retrata el pesar y dolor que se percibe en los corazones afligidos de los ciudadanos de la patria:

El último adiós se desvanece en el aire,

pero su eco resuena en mi ser.

El corazón en duelo busca consuelo

en las palabras que nunca podré decirte.

Aquella llamada con voz impaciente, casi moribunda, recibida en horas de la madrugada venida desde más allá de la muerte, más bien entre el paso de la vida a la muerte de Nelsy Cruz, gobernadora de la provincia de  Montecristi, desfallecida debajo de un montón de escombros, debió atormentar al jefe de Estado hasta la debilidad y, creo que esa voz de triste acento, de suspiro y de lágrimas mezclado, permanecerá eternamente en su sensibilidad atormentada.

En ese estado de mi intelectualidad aguijoneada por este hecho, acudo a una estrofa de un poema del poeta  español del Barroco Juan de Tassis y Peralta, Conde de Villamediana:

«Silencio, en tu sepulcro deposito, ronca voz,

pluma ciega y triste mano,

para que mi dolor no cante en vano,

al viento dado ya, en la arena escrito.»

A los padres que perdieron a sus hijos en este suceso fatal, a través de estas palabras, quiera Dios que ellos le permitan expresar el dolor, la tristeza y la pérdida de una manera profunda y conmovedora de sus seres queridos.

A ti que ya no estás, mi corazón se aferra

con lágrimas que brotan como río de tristeza.

La ausencia se hace eco en mi alma dolida,

pero tu memoria prevalece en cada despedida.

Dijo el poeta que con la muerte se abre una nueva puerta, una apertura de todos los recuerdos, son más fuertes que nunca y a partir de ahora nuestra única aproximación. Los recuerdos desvanecidos se vuelven más palpables cuando una persona querida ya no está a nuestro alcance. Con ellos nos falta la despedida más fácil, aunque duela y la persona ya no esté.

Cuando llega el momento de des­pedirse no ayuda posponer ese momento, siempre dolerá profundamente en nuestro corazón. Pero pensemos simplemente en los bellos momentos, que coronaron nuestros tiempos juntos.

Termino esta despedida en sollozo con la estrofa de un verso del poeta y dramaturgo alemán Johann Wolfgang von Goethe, por considerar estas palabras apropiadas para tan dolorosa ocasión:

Tú, que vienes del cielo,

calmas todo sufrimiento y dolor,

llenas al que está doblemente desdichado

doblemente con consuelo.

¡Ay, estoy cansado de vagar! 

¿Qué significa todo este dolor y alegría? 

Dulce paz, ven, ven a mi pecho.

 

¡Paz a las almas de los fallecidos!

 

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