Opinión

Joe Biden se marcha bajo sus sombras


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Aquiles Olivo Morel

Con la aprobación  por  parte de EE. UU. a Ucrania para el uso de misiles ATACMS, con capacidad de impactar a una distancia de 300 kilómetros, pese a la advertencia de Rusia, el mundo amanece con la sensación de una III Guerra Mundial. Hoy varios países de Europa repartiendo instrucciones a la población de cómo deben reaccionar para preservar vidas ante la posibilidad de los bombardeos atómicos en sus alrededores, dada la actitud rusa de considerar esta decisión como un desafío, el cual cambia el curso de la guerra actual.

Al concluir las elecciones de los EE. UU. con unos resultados catastróficos para los demócratas pudiera pensarse en que de una manera irresponsable esta insipiente gestión dejaría en manos de los entrantes republicanos una crisis en la gestión de la guerra y los demás conflictos globales, en los cuales las ayudas y financiamientos de los EE. UU. sigue siendo determinante.

Otras reacciones inesperadas pudieran surgir en los próximos días; la respuesta inmediata de los actores en el escenario del conflicto se visualizan con los ataques a los diferentes puntos estratégicos, en las ciudades ya ocupadas por los rusos. Existe la intención de seguir avanzando en la reconfiguración de un nuevo mapa para atender a una posible negociación, ya que los repu­blicanos se propusieron acabar con este conflicto en lo inmediato.

La guerra y sus consecuencias para Europa traen consigo temores; necesidades en los suministros de las materias primas; escasez de energía y una nueva actitud basada en la modificación de los presupuestos de defensa.

Nadie ignora el nivel de anquilosamiento experimentado, también, por los países de Europa, dependientes de las estrategias de defensa, representada por la OTAN, lo cual ha impedido que todos estos países no destinaran muchos esfuerzos a los temas relacionados con el armamentismo.

En la actualidad, esta preocupación se enrumba hacia la modificación de los presupuestos de defensa; se reestructuran nuevas alianzas y nuevas discusiones emergen en los miembros de la comunidad europea de si resulta beneficioso dejar en manos de la OTAN todo el tema de la defensa, al margen de los intereses de estas naciones.

Además, no puede desconocerse el surgimiento de nuevas doctrinas fundamentadas en la creencia de que estos países, dependientes de la OTAN, fueron perdiendo influencia a la hora de poder negociar políticas de defensa.

La expansión de la OTAN hacia las regiones históricas en la que Rusia siempre tenía influencia política y estratégica se convirtió en la génesis de la crisis que prontamente desencadenó la guerra actual entre Rusia y Ucrania. El papa Francisco lo expresó como una reacción a la forma en que los perros de la OTAN tocaron a la puerta de Moscú.

Estos misiles de largo alcance pudieran ser utilizados en objetivos dentro de los te­rritorios rusos dados su capacidad de alcance, algo inadmisible por Rusia, expresado en los diferentes momentos y ruedas de prensa de líder Putin.

Recrear este nuevo escenario despertó a Suecia, Finlandia y Noruega entregando los manuales para gestionar la cotidianidad ante la tentativa de una expansión del conflicto a niveles insospechados: Putin advirtió que la entrega de estos misiles a Ucrania significaría la participación directa de la OTAN en el conflicto, solo los técnicos occidentales tienen el entrenamiento para desplegar esta tecnología en el terreno de la guerra.

¿Existe realmente la posibilidad de que esta decisión, por parte de Washington, pudiera cambiar el curso de la guerra? ¿Estos manuales son la primera señal de cómo estos países disponen de suficiente información como para advertir de que realmente la guerra cambió su curso? Y finalmente ¿Estaba en el norte de los demócratas ahondar la crisis como una res­puesta a su derrota electoral, dejando el gobierno con una profunda crisis internacional?

Hay muchas reacciones en este momento, incluyendo a los países europeos, quienes sortean algún tipo de salida a las consecuencias de este conflicto. Estos países vivieron en la II Segunda Guerra Mundial las consecuencias de la escalada de los conflictos bélicos; conocen a cabalidad el significado de tener en su territorio la movilización militar y su ocupación.

Retornar a esta realidad después de todos estos años constituye un fracaso, peor aún, ante el hecho de que la expansión de la OTAN no pudiera ser parte de los intereses de todo un continente el cual en lo económico no representa o sintoniza con sus intereses. El lanzamiento, de al menos un ATACMS equivaldría a la ocupación por parte de Hitler de Polonia, lo que desencadenó de inmediato la II Guerra Mundial, quizás sea un error, pero la histórica opera con cierto enigma, aún no descifrados, a pesar de las experiencias y los fracasos.

La humanidad en ocasiones no tiene la menor intención en involucrarse en hechos de tantas influencias globales; sin embargo, acontecimientos como el de la aprobación del uso del ATACMS, un artefacto destructivo y en manos de quienes acumulan los ins­tintos más primitivos de sobrevivencias pudieran inclinar la balanza emocional hacia otros escenarios como pudiera ser el uso de los misiles atómicos por parte de sus adversarios y ya ahí no quedaría nada que hacer: ¡Dios y no los manuales de los Suecos, finlandeses y noruegos, nos protegería de un infierno terrenal!

 

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