¿Las mujeres duermen peor?: 6 factores que afectan el descanso femenino

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RESUMEN
Salud._ Las mujeres duermen peor que los hombres y reportan una mayor sensación de cansancio, según los últimos estudios internacionales y la experiencia de los especialistas en medicina del sueño. Las estadísticas más recientes muestran que el 38% de las mujeres tiene dificultades para conciliar el sueño más de tres veces por semana, frente al 29% de los hombres, una brecha que se amplía cuando se analizan la calidad y la profundidad del descanso.
Las mujeres duermen peor que los hombres y reportan una mayor sensación de cansancio, según los últimos estudios internacionales y la experiencia de los especialistas en medicina del sueño. Las estadísticas más recientes muestran que el 38% de las mujeres tiene dificultades para conciliar el sueño más de tres veces por semana, frente al 29% de los hombres, una brecha que se amplía cuando se analizan la calidad y la profundidad del descanso.
Las mujeres duermen peor que los hombres y reportan una mayor sensación de cansancio, según los últimos estudios internacionales y la experiencia de los especialistas en medicina del sueño. Las estadísticas más recientes muestran que el 38% de las mujeres tiene dificultades para conciliar el sueño más de tres veces por semana, frente al 29% de los hombres, una brecha que se amplía cuando se analizan la calidad y la profundidad del descanso.

A continuación, los principales factores identificados por los especialistas:
- Ciclos biológicos y cambios hormonales. Tanto Nogueira como la doctora en Psicología, especialista en clínica, docencia e investigación en Psicoterapia orientada en Mindfulness, Mariam Holmes (MP 20.463), coinciden en que la pubertad, la menstruación, el embarazo, el puerperio, la lactancia y la menopausia ejercen un impacto directo sobre el sueño femenino. Holmes señaló que estos procesos “alteran los ritmos circadianos y la secreción de hormonas clave como la melatonina, el cortisol, los estrógenos y la progesterona”, lo que “puede aumentar la vulnerabilidad al insomnio, a los despertares nocturnos y al sueño no reparador”. Nogueira agregó que en la menopausia “el insomnio es mucho más frecuente en la mujer que en el hombre, y fundamentalmente a partir de la menopausia”, etapa que incrementa el riesgo de apneas del sueño y trastornos cardiovasculares.
- Mayor carga de cuidado y rol familiar. Las mujeres suelen asumir una mayor responsabilidad en el cuidado del hogar y de la familia. Nogueira subrayó que “en general es la mujer la que está más alerta al funcionamiento del hogar y de la familia, a los horarios y las actividades de los hijos”, lo cual genera un “mayor nivel de ansiedad y angustia”. Holmes advirtió que la normalización del cansancio femenino y la autoexigencia generan contextos donde el descanso queda relegado, muchas veces durante años.
- Hiperactivación cognitiva y rumiación nocturna. Holmes indicó que “la prevalencia de hiperactivación cognitiva nocturna, rumiación y ansiedad anticipatoria es ampliamente mayor en las mujeres”, dificultando la conciliación y el mantenimiento del sueño.
- Subdiagnóstico de trastornos del sueño. El médico clínico Ramiro Heredia (MN 117.882), del departamento de Medicina Interna del Hospital de Clínicas José de San Martín, destacó que “en las mujeres existe un subdiagnóstico del trastorno de apneas obstructivas del sueño”, ya que “es una condición que suele sospecharse más en hombres”. Esta situación impide que muchas mujeres reciban tratamiento adecuado, amplificando la mala calidad del descanso.
- Mayor incidencia de trastornos de salud mental. Heredia señaló que “las mujeres tienen tasas más altas de depresión y trastorno de ansiedad generalizada, ambas entidades con una alta asociación con trastornos del sueño”. Holmes agregó que el déficit de sueño incrementa el riesgo de ansiedad, depresión, irritabilidad y problemas de regulación emocional y suele agravar trastornos psicológicos preexistentes.
- Estilos de vida y hábitos cotidianos. Los especialistas coincidieron en que los estilos de vida y los hábitos cotidianos influyen de manera directa en el descanso. Nogueira expuso que “todos aquellos hábitos que estimulen física o psíquicamente en horarios nocturnos atentan contra la capacidad de tener un sueño saludable”, mencionando la exposición a pantallas, actividades laborales o físicas intensas y la falta de regularidad en los horarios de descanso. Holmes recomendó prestar atención a la higiene del sueño: “El ambiente del dormitorio, con oscuridad, silencio y temperatura adecuada, favorece un descanso más profundo y reparador”.
Las consecuencias en la salud de dormir mal

El impacto de la falta de sueño es profundo y abarca tanto la salud física como la mental. Heredia señaló que “es necesario dormir al menos siete horas de buena calidad para tener una vida más prolongada y mejor calidad. El sueño es uno de los ‘8 esenciales de la vida’, junto con una dieta saludable, actividad física, peso corporal adecuado y control de factores de riesgo”.






