Salud

Preso y “loco”: la doble condena de quienes enfrentan un trastorno mental en prisión


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Acudir a un psicólogo, consultar a un psiquiatra, cambiar de profesional si considera que el tratamiento no está funcionando, hablar con familiares o amigos, o decidir cuándo y dónde recibir atención son algunas de las posibilidades que puede tener un individuo cuando enfrenta una situación relacionada con su salud mental. Si bien, estas opciones no están disponibles de la misma manera para todos y pueden depender de factores como los recursos económicos, el entorno familiar y el acceso a los servicios de salud, para una persona privada de libertad, esas posibilidades se desarrollan bajo condiciones distintas.

La búsqueda de ayuda, la evaluación de un problema psicológico y el acceso a tratamiento ocurren dentro de un sistema que establece protocolos, determina los mecanismos de atención y depende de los profesionales y recursos disponibles en cada centro.

A esta diferencia en los mecanismos de atención se suma otro elemento: el estigma. Una persona puede llegar a prisión con una condición de salud mental previa o desarrollar una durante su permanencia, pero en ambos casos el diagnóstico o los síntomas se encuentran con el estigma que ya acompaña a la privación de libertad.

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