Opinión

Santiago está fuera de control


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Genaro Cruz

Santiago de los Caballeros, una ciudad reconocida por su paz, su cultura y el espíritu laborioso de su gente, vive momentos de incertidumbre y desesperanza. En los últimos meses los hechos violentos se han multiplicado y las calles se han convertido en escenarios de miedo y dolor donde la tranquilidad parece haber desaparecido.

La población se siente desprotegida por las autoridades encargadas de mantener el orden público. Cuando no es la delincuencia que arrebata vidas, es la propia policía que actúa con un nivel de abuso que indigna y preocupa a todos. En muchos sectores se comenta que los agentes han perdido el sentido del respeto a la vida humana y a los derechos fundamentales.

Los casos recientes estremecen la conciencia colectiva. Cinco muertes atribuidas a miembros de la policía, que según las investigaciones fueron ejecuciones extrajudiciales, sumadas a los muertos en Pueblo Nuevo, al desaparecido encontrado en Jicomé y a los sucesos violentos en Baitoa, retratan una ciudad que vive bajo el terror y la impunidad.

Resulta alarmante que una comunidad históricamente pacífica tenga que convivir con el temor constante. Santiago siempre fue ejemplo de civismo y progreso, pero hoy los tiroteos, los asaltos y los crímenes llenan los titulares de cada día. La gente ya no confía ni en las instituciones ni en las promesas de seguridad que se repiten sin resultados.

Me parece insólito que en nuestro país ocurran hechos tan graves cuando el gobierno del Cambio asegura tener control de la seguridad ciudadana. Las declaraciones oficiales no coinciden con la realidad que enfrentan los barrios donde las familias viven encerradas por miedo a ser víctimas de la violencia.

La inseguridad ciudadana ha sobrepasado los límites del control estatal. Ni las autoridades policiales ni las militares ni los organismos judiciales ni el Congreso Nacional han sido capaces de frenar esta ola delictiva. Es evidente que en ningún rincón del país un ciudadano puede sentirse protegido ni dentro ni fuera de su hogar.

Ante esta crisis urge tomar medidas drásticas. Se necesitan nuevas leyes, reformas profundas y sanciones ejemplares contra quienes violen la ley desde cualquier posición. El pueblo clama justicia real, castigos severos y un sistema que garantice la vida, porque Santiago y el país entero merecen recuperar la paz perdida que alguna vez fue su orgullo.

 

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