A Haití verlo más en serio

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RESUMEN
A nadie en su sano juicio le entra en la cabeza que en Haití haya condiciones para celebrar elecciones en agosto o en diciembre, ni siquiera en un tiempo más o menos previsible.
Por eso sorprende que tanta gente inteligente agrupada en la ONU acepte calendarios electorales que, si no existiera una cuestión tan grave de por medio, moverían a risa porque a leguas se sabe que son irrealizables mientras no haya un mínimo cambio en la realidad actual.
No deja de ser loable la decisión de enviar fuerzas antipandillas, pero con el conocimiento previo, por ejemplo, de que estas dominan el 90% de Puerto Príncipe, de poco sirve una fuerza compuesta por un par de miles de belitres policías, principalmente africanos.
Ahora que las elecciones quedan pendientes una vez más, se debe retomar más seriamente lo que la comunidad internacional está haciendo por Haití y quizá haya que realizar algunos cambios tácticos y estratégicos ante lo que parece el cuento de nunca acabar.
La primera vuelta debía celebrarse en agosto, luego 13 de diciembre de 2026 y la segunda vuelta el 21 de febrero de 2027, según el calendario publicado en julio.
En una población de 11 millones de personas, con cerca de 1.5 millones desplazadas por la violencia, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), ninguna medida o acción externa prosperará porque la respuesta a su crisis pasa porque los propios haitianos primero “limpien” el camino.
Hay poca cosa que emprender en lo institucional mientras el país padece por los enfrentamientos armados entre las bandas, un grave vacío de poder que acorrala a una población que carece de comida y agua, escasea el combustible y los hospitales sin insumos.
Lo único que reconforta desde esta parte de la isla es que, pese a todo, las autoridades dominicanas no han bajado la guardia ni descuidan la vigilancia, prevenidas siempre de un posible desborde migratorio.
Duele decirlo, pero este nuevo episodio de las elecciones demuestra que Haití es un muerto con el que nadie quiere cargar, y para colmo entre ellos mismos se tiran la pelota una y otra vez.





