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El día después


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La eliminación de la protección arancelaria al arroz se ha convertido en tema obligatorio, pero hasta ahora no han surgido acciones concretas para abordar sus consecuencias. Las reacciones de los productores no han salido del lugar común, los consumidores esperan entender qué significará para ellos y el Gobierno todavía no ha explicado sus próximos pasos. Sin embargo, la situación no debe verse como el final de un camino, sino como el inicio de una nueva etapa y, en vez de quedarnos a la vera del muro de las lamentaciones, la ocasión es propicia para mirar más lejos. El arroz es hoy el problema inmediato, pero detrás está el desafío mucho mayor de hacer competitiva nuestra agroindustria.

Esa tarea no requiere comenzar de cero. Los principales problemas son bien conocidos y las opciones de política para enfrentarlos están identificadas. Un amplio estudio realizado recientemente por INTEC evidenció que el desarrollo agroindustrial no depende simplemente de exenciones o incentivos fiscales, sino que requiere enfrentar problemas de financiamiento, logística, innovación, certificación, trazabilidad y coordinación entre las instituciones públicas. Además, el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes tiene en sus manos un borrador de la Estrategia Nacional de Fomento a la Agroindustria, con una agenda de trabajo hasta 2035 en la que se detallan los elementos esenciales para impulsar esa transformación.

La crisis del arroz ofrece también una oportunidad para pasar de las palabras a los hechos. El apoyo público al sector puede ser necesario durante la transición, pero la meta no puede limitarse a sustituir con subsidios la protección que antes proporcionaban los aranceles. Era insensato pensar que viviríamos por siempre tras una muralla arancelaria. Durante años no se hizo suficiente; ahora hay que acelerar el paso.

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