Aquí seguimos aguantando callao

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RESUMEN
Josefina Almánzar
En el barrio donde nací, había una señora muy versada y preparada intelectualmente hablando, pues en una etapa de su vida ejerció como profesora, con el tiempo y quizás por decepciones que solo ella conocía encontró en la bebida alcohólica un refugio para ahogar sus penas y tristezas. A pesar del estado de embriaguez en que vivía sumergida, en sus comentarios sobre la vida cotidiana que transcurría en el barrio, tenía muchos aciertos y sabiduría.
Por ejemplo, cuando alguna señorita rescatada y puritana, de familia conservadora y algo adinerada encargaba la cigüeña de manera ilegal para la sociedad de ese momento, la señora decía: Ahí están ellos, aguantando callao, puesto que no se le permitía a la doncella mancillada tener ningún tipo de participación en lo adelante porque había manchado el honor de la familia.
Asimismo cuando a la juventud tildada de comunista le tiraban atrás a la famosa y odiada “guardia colorá”, más los denominados allanamientos de morada tan comunes, abusivos y usuales en la época de los 12 años de Balaguer, buscando evidencias de material comunista que comprometía a todo el que habitaba ese lugar, los muchachos y muchachas “cabezas calientes” del momento se refugiaban y protegían debajo de camas o en armarios de puertas con gruesas cerraduras, de donde sólo se le podía oír decir: “Aquí estamos aguantando callao”.
Ahora, recordando esos tiempos que vivieron mis tíos y mis abuelos hago una semejanza con los nuevos tiempos porque a pesar de que las circunstancias han cambiado porque las persecuciones políticas no son tan aterradoras como en ese entonces y en principio, ahora, podemos expresar nuestras ideologías políticas con libertad, las repercusiones económicas y sociales si son agobiantes.
A veces me pregunto hasta dónde aguantará este pueblo las presiones económicas que está viviendo, la inseguridad ciudadana, el desorden en el tránsito, el excesivo costo de la canasta familiar, las incompetencias e ineptitudes que cada día son más evidentes en el tren gubernamental.
Cada día perdemos más calidad de vida al tener que enfrentar la cotidianidad llena de desafíos y sin tregua, desde inundaciones en cualquier momento, con o sin temporadas ciclónicas, apagones a nivel nacional, construcciones gubernamentales todas al mismo tiempo, produciendo caos y desorden en la urbanidad, escándalos y noticias que se tapan unas con otras, supermercados como casas de terror, en fin, la paz y el sosiego se nos fueron de vacaciones.
Estoy segura de que si en estos momentos le preguntamos al pueblo como está, oiremos la voz decir, como aquella señora de mi barrio: AQUÍ, SEGUIMOS, UNA VEZ MÁS, ¡AGUANTANDO CALLAO!
LLa autora es abogada
y docente universitaria.





