Editoriales

Deudas con el Gran Santo Domingo de súper crecimiento

Al lamentar las desconexiones con el ordenamiento urbano ideal, 525 años después de su primer trazado como tal, los habitantes conscientes y responsables de esta urbe que constituyen mayoría, deberían pronunciar a todo pulmón una letanía de reclamos dirigidos a sustentadores de un statuo quo de reacción tardía sin dejar fuera de exigencias a la parte de la colectividad que carece de civismos aun cuando no se la pueda culpar del mal aprendizaje de los atavismos que persisten. Véase el horror del caos citadino que con basura mal lanzada y peor recogida convierte ríos locales en rutas cloacales que llenan litoral. Véase la ocupación de espacios públicos restados de usos al prójimo y la inseguridad del tránsito. Véase la pérdida de eficiencia de instituciones de servicio por masivos incumplimientos de pagos a cambio de agua, luz y disposición final de desperdicios. Males imposibles de llevar ipso facto a mínimas expresiones por simples decretos y resoluciones municipales generalmente a cargo de protagonistas que también suelen fallar a la comunidad.

Vulnerabilidades oscurecen el futuro de amadas zonas céntricas sobrepasadas en su razonable capacidad de recibir más habitantes y comercios. Saturación de edificaciones que no por altura y glamur evitan rupturas ambientales con una mezcla sin orden de componentes y de presiones descomunales sobre suelos, subsuelos y circulación vial. La abundancia de transformaciones, con todo y sus modernidades que a veces causan júbilo, es reto ineludible.

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