Diplomacia, RD y Haití

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RESUMEN
Mediante la diplomacia, que es la ciencia que traza las políticas a través de conversaciones basadas en el respeto y la civilidad, en la búsqueda de entendimiento y acuerdos con el objetivo de asumir compromisos conjuntos entre los Estados, mediante los cuales se impulsan programas de cooperación social, cultural, económica y todo cuanto beneficie a la población.
Además, es trascendental usar el lenguaje diplomático para preservar los intereses de cada nación y al mismo tiempo para rebasar conflictos suscitados entre los países, lo que implica auspiciar relaciones armónicas por la convivencia pacífica.
República Dominicana y Haití, naciones que comparten la isla Hispaniola o Española, por intermedio de sus Estados, deben reflexionar y entender la urgente necesidad de suscribir convenios orientados a superar diferencias que han distanciado las relaciones entre ellos y proceder a dialogar en aras de dejar atrás las confrontaciones estériles.
Es un desafío de las autoridades dominicanas y haitianas propiciar un acercamiento y firmar un pacto para explorar y explotar las potencialidades y sobre esa base definir planes comunes, en procura de poner en marcha acciones por el crecimiento de la economía, el bienestar social, la dignidad de las personas, generación de empleos con calidad, regulación migratoria, combate a la criminalidad y la colaboración recíproca a favor de la democracia; eso es más productivo que promover el enfrentamiento, el odio y la intriga.
Con la designación de un nuevo embajador haitiano en República Dominicana, se envía una señal positiva, en la medida en que comienza una etapa de acercamiento y eso se vislumbra con la declaración del diplomático, Emmanuel Fritz Longchamp, quien posterior a la presentación de sus cartas credenciales al presidente Luis Abinader, reconoció los esfuerzos del Gobierno dominicano por la paz y el orden institucional en Haití.
Satisface la decisión de las autoridades de Haití de designar un embajador en el país, porque desde hace varios años no exis-tía un representante haitiano, por tanto, los problemas derivados de la situación migratoria, la criminalidad y el accionar descontrolado de los pandilleros, se magnifican.
Es pertinente, además, que se respete la soberanía de ambas naciones y eso solo se asegura con acuerdos biliterales sustentados en la diplomacia que norma las relaciones internacionales y el respeto a la autodeterminación de los pueblos.
Que se desarrolle, pues, un diálogo entre República Dominicana y Haití, por una coexistencia saludable en la isla Hispaniola; ese debe ser el norte de los nexos dominico-haitianos.




