Opinión
EL PROYECTO LA CRUZ DE MONTECRISTI
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RESUMEN
Resumen generado con IA ·
Por Santiago Rafael Caba Abreu
Nunca estaré de acuerdo con los excesos de la autoridad frente a ciudadanos indefensos, ni tampoco creo razonable que los entes políticos asuman posiciones indiferentes frente al dolor de seres humanos que sueñan con recibir del Estado la asistencia y protección de sus débiles condiciones sociales, así como no podré jamás aislarme de las preocupaciones colectivas cuando se procura imponer el caos.
Quizás tenia unos escasos 5 años cuando mis padres se mudaron a vivir a Las Aguas, lugar ubicado dentro de las tierras agrícolas del Proyecto La Cruz de Montecristi, conocido como “Los Bateyes”. Crecí bajo la influencia de comunidades en donde vivían seres humanos con posiciones de jerarquía (jefes) y peones o trabajadores, con mas virtudes que defectos, porque, a pesar de la pobreza, cuidaban su reputación, sus compromisos con un emporio estatal que les albergaba y garantizaba el trabajo, un salario, vivienda y el desarrollo de la familia con un mínimo de servicios.
Conozco cada rincón, cada canal, cada estación, cada cultivo fomentado y cosechado con esmero, celo y respeto total. Pero ya no conozco cada comunidad, no porque haya olvidado cada lugar, sino porque los que aún viven allí son otras personas. Piensan distintos, actúan distinto y tienen intereses muy diferentes a los que existían en mi niñez y adolescencia.
Hoy es noticia el hecho de que la autoridad del Proyecto La Cruz de Montecristi libra una batalla con hombres y mujeres que en los Bateyes ocupan porciones de tierras que se encuentran abandonadas y ociosas, cuyas informaciones dan cuenta de la destrucción de cultivos, destrucción de viviendas y represión policial para desalojar a ciudadanos que detentan la posesión de porciones de estos terrenos propiedad del Estado Dominicano.
Entiendo que las personas que ocupan terrenos del Proyecto La Cruz sin autorización del mismo, saben que incurren en una ocupación ilegal, pero también me pregunto, ¿de qué podrán vivir aquellos habitantes de los bateyes que se quedaron sin trabajo a causa del colapso administrativo de esa entidad pública?
No es secreto que, las distintas administraciones del Proyecto La Cruz de Montecristi, a partir del año 1996 hasta la fecha, han sido un fracaso, pues las mismas dejaron de actuar con celo institucional, no siguieron las buenas prácticas agrícolas, abandonaron la eficiencia técnica y no actuaron con transparencia administrativa. Las ambiciones políticas desmedidas generaron aspiraciones personales a posiciones electivas, crearon un clientelismo desgraciado, fomentaron liderazgos ficticios y han tenido como herramienta los fondos de dicha entidad.
Parece que olvidamos la última gran inversión que se hiciera allí, pues el gobierno del presidente nefasto Danilo Medina, a través del Banco Agrícolas, dispuso de una partida escandalosa de recursos económicos con el propósito, según lo informado, para generar empleos, rescatar las antiguas virtudes del Proyecto y hacerlo auto gestionable. Pero, lejos de lograr ese demagógico objetivo, los mismos se utilizaron para abolir drenajes, cortar los árboles que servían de cortina para proteger del viento las plantaciones de bananos, entre otras funestas acciones descabelladas, ilógicas e imprudentes, en fin, fueron dilapidados y despilfarrados de forma bochornosa, dando lugar a que se disipara una gran inversión estatal para restaurar la esperanza de volver a tener ese otrora pulmón económico de la región noroeste, lo cual debería investigarse y definir cual fue el destino de tan significativa inversión pública.
No creo justo que los trabajadores más humildes del Proyecto sean menos merecedores que los terratenientes que tienen grandes extensiones de tierras sin haber sacrificado su vida y las de sus hijos sirviéndole a éste como ellos, porque todos sabemos que, ciudadanos simples, seres humanos de a pie, ven como en sus narices han gentes que exhiben grandes extensiones de terrenos por privilegios políticos y eso ha de dolerles. Esa ha de ser también la razón por la que le han perdido el amor y respeto a ese patrimonio público, generando desprecio y repulsiones.
Las mejores iniciativas y sinceras políticas públicas para disminuir la pobreza de la Frontera, en atención a las disposiciones del artículo 10 de la constitución dominicana, debería partir de un plan para sumar al aparato productivo nacional las tierras del Proyecto La Cruz de Montecristi, enclavadas en la cola del rio Yaque del Norte, siendo necesario establecer un método colectivo o corporativo que sea el motor de este impulso, con la participación activa de primer orden de aquellos ciudadanos de los bateyes que, previa depuración objetiva, califiquen, debiendo evitar siempre la discriminación, la migración de agentes de la viveza de otras regiones, clases poderosas y políticos corruptos que puedan suplantar nuestras gentes.
Obviamente, una vez puesta en marcha ese plan, el Estado no puede abandonar a los beneficiarios de esa iniciativa a su suerte, y será útil acompañarlos en el proceso de educación, fiscalización y control del manejo de las unidades productivas que les sean asignadas, velando por el cumplimiento de ciertos protocolos, reglamento o conducta, tratando de que ese patrimonio no sea convertido en un pillaje y, mucho menos, en un antro de corrupción.
El atropello, desalojo o represión, ni la huelga, la protesta violenta, las ocupaciones de terrenos indiscriminados, ahora no es la solución, porque ello implica interpretaciones impropias y acciones desproporcionadas e irracionales.
Ojalá prevalezca la cordura, la sensatez, la prudencia y el bien común.





