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El remedio de caballo contra la mortandad


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Editorial

De proseguir, la blandura de correctivos para el elevado índice de víctimas mortales por uso de motocicletas solo se auguraría que con esa modalidad proseguiría cabalgando la mayor siniestralidad de tránsito. Si las cifras muestran que las fatalidades viales de República Dominicana resultan en un 70% del uso, con impunidad casi total del transporte sobre dos ruedas, este país figura entre los que no están libres de epidemias en su movilidad.

Es atendible y razonable vista la tendencia a la letalidad que existe, la propuesta de un dirigente sindical del área de vehículos de paralizar por algún tiempo la importación de ciclomotores de baja cilindrada. Procede una medida radical si no existe otra forma eficiente de llenar el vacío de autoridad que tiene a las calles como tierra de nadie y bajo una incidencia de accidentes de altos costos en vidas y en recursos para el Estado y la sociedad que es la que pone los difuntos.

Con menos radicalidad, se podrían establecer restricciones para que los intermediarios de este medio de transporte solo expendan esta causa de muerte a quienes hayan obtenido previas certificaciones oficiales de calidad moral y adecuadas condiciones físicas y mentales en la misma forma en que el Estado delega en el sector privado actuar como recaudador.

Para eso al menos debería servir el mando estatal que debería auto incriminase por fracasos en el tránsito como ya hizo con los feminicidios. Remedio de caballo, si se quiere, pero algo contundente debe aparecer. Que no se cuente con la Digesett que no va para ninguna parte con sus actuales potestades, número de agentes y medios para desplazarse y enfrentar eficazmente a tantos enemigos motorizados de la convivencia,.

Deben tomarse en cuenta las formas promisorias con que se actúa en otros partes ante esta calamidad. Estados que se han empantalonado para adversar la anarquía vial aquí dominante. En Colombia, Paraguay, Argentina, Venezuela, Brasil, Tailandia, India, Malasia, Benín, Togo y Camboya los gobiernos responden con hechos al clamor de suprimir el caos urbano. República Dominicana no debe seguir mostrando la lenidad que tantas vidas e incapacitaciones están costando.

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